Lo que empezó como un choque menor en Santo Tomé terminó con la muerte de Omar Bonacci, de 72 años, durante el traslado al Samco.
El siniestro ocurrió el lunes por la noche en la intersección de avenida 7 de Marzo y Buenos Aires, cuando el hombre conducía un Toyota Yaris y colisionó con una motocicleta Motomel Blitz.
Según las primeras actuaciones, el impacto no dejó heridos y parecía reducido a los daños materiales de un accidente de tránsito.
Sin embargo, la discusión entre los dos conductores subió de tono y derivó en una pelea, en la que el conductor de la motocicleta, M.A., de 35 años, habría pateado a Bonacci.
La hipótesis inicial de los investigadores indica que el hombre perdió el equilibrio, cayó sobre la calzada y golpeó violentamente la cabeza contra el pavimento.
La violencia de ese golpe transformó una disputa nacida de un accidente en una escena de extrema gravedad, con consecuencias que no se pudieron revertir.
Bonacci fue asistido en el lugar y luego colocado en una unidad sanitaria para ser trasladado al Samco de Santo Tomé, pero murió durante el trayecto.
El caso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿hasta dónde puede llegar una discusión de tránsito cuando el enojo se transforma en violencia?
En muchos siniestros, el primer error no es el choque, sino la respuesta inmediata: el reproche, el grito, el gesto que rompe la distancia mínima entre dos personas.
No se trata de minimizar la responsabilidad de quien pateó a Bonacci, pero sí de entender que la calle multiplica los riesgos cuando la paciencia se agota.
Ahora, los investigadores deberán reconstruir con precisión las circunstancias del hecho, el alcance del golpe y las condiciones en que se produjo la caída.
La Justicia tendrá que determinar responsabilidades, aunque la primera imagen que deja el caso es la de una muerte evitable.
Cada accidente de tránsito debería ser una pausa para revisar el estado anímico, la distancia y la posibilidad de que el otro también esté molesto.
En este caso, el choque no fue la causa directa de la muerte, pero fue el detonante de una pelea que terminó con un hombre caído sobre el asfalto.
La escena, descrita en las primeras actuaciones, muestra cómo un reproche puede escalar en segundos y cómo una patada puede cambiar el destino de una vida.
El Samco de Santo Tomé no pudo recibirlo con vida: el traslado se convirtió en el último tramo de una tragedia que empezó con un choque.
¿Qué queda después? Una investigación, una familia y una esquina que quedó marcada por una muerte que nadie esperaba.

Comentarios (10)
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Una patada por un choque es inaceptable. Ojalá la Justicia no lo deje pasar.
Bancar, pero también hay que ver si el golpe fue directo o si cayó solo. La investigación tiene que ser clara.
No es caer solo, la hipótesis dice que lo pateó. No hay que minimizar.
Me da bronca que siempre termina así. El tránsito en Rosario es un infierno.
72 años y lo matan por una discusión de tránsito. Da rabia.
Igual, si el otro no lo pateaba, no caía. No es un accidente más.
Lo que más me preocupa es que el choque no dejó heridos, pero la pelea sí. Hay que frenar el enojo.
Totalmente. El enojo al volante mata más que el choque.
Espero que se investigue rápido y que haya consecuencias. No puede quedar impune.
Que la familia tenga respuestas. Una esquina de Santo Tomé quedó marcada por esto.