Lo conocían como el "Gallego" Tortajada, y en los pasillos de los Tribunales provinciales de Rosario ese apodo era sinónimo de oficio, calle y años de pelea. Alberto Tortajada, uno de los penalistas más reconocidos del fuero local, murió este viernes 17 de julio y dejó un hueco difícil de llenar en la comunidad jurídica rosarina.
La noticia corrió rápido entre colegas, periodistas judiciales y operadores del sistema penal. La Asociación de Abogados Penalistas de Rosario fue una de las primeras en expresar su "profundo pesar" y lo definió como un "excelente profesional" de "gran honradez", destacando también su disposición para orientar a las nuevas generaciones. En redes sociales, los mensajes de despedida se multiplicaron a lo largo de la tarde.
Pero si hay una imagen que define la historia de Tortajada, esa no está en ninguna sala de audiencias. Está en la vereda de Montevideo al 2000, frente a los mismos tribunales donde pasó su vida profesional. Era la tarde del 7 de septiembre de 2012 y el abogado, que entonces tenía 71 años, ingresaba a su estudio cuando fue emboscado por un hombre que se había hecho pasar por cliente.
Lo que siguió fue brutal: varios disparos a quemarropa, balazos en el brazo y la espalda, y la única razón por la que Tortajada sobrevivió fue que el arma del atacante se trabó antes de que pudiera terminar el trabajo. Lo trasladaron de urgencia al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez, donde fue intervenido quirúrgicamente. Salió con vida de milagro.
El autor material del atentado fue Pablo Peralta, quien años después recibió una condena a prisión perpetua. La investigación judicial reveló que Peralta había actuado por encargo de empresarios del rubro farmacéutico, en el marco de una trama de violencia que también incluyó el asesinato del policía Carlos Dolce. Una historia que, para Rosario, no era un caso más: era el síntoma de hasta dónde podía llegar la presión sobre quienes incomodaban a ciertos intereses.
Tortajada no se quedó callado ni cuando el tiempo pasó. En 2023, cuando Peralta solicitó prisión domiciliaria alegando problemas de salud, el abogado se presentó en la audiencia y se opuso al planteo. Sostuvo que la enfermedad debía ser debidamente acreditada. El hombre que casi lo mató pedía salir, y él fue a decir que no. Eso también habla de quién era el Gallego.
La trayectoria de Tortajada no estuvo exenta de sombras en su tramo final. En los últimos meses, su nombre apareció en el ámbito judicial en un contexto diferente: fue imputado, aunque en libertad, en una causa que investiga presuntas maniobras de protección vinculadas al juego clandestino. Una imputación que sus defensores consideraban injusta y que él mismo rechazaba, pero que formaba parte del expediente abierto al momento de su muerte.
Décadas de causas penales, muchas de alto perfil, una emboscada que no pudo con él, y una última etapa complicada en lo judicial. Esa es la historia completa del Gallego Tortajada. Rosario pierde a uno de esos abogados que ya no se fabrican en serie: los que aprendieron el oficio en la calle, en las audiencias, en los expedientes que pesan kilos. Que descanse en paz.

Comentarios (12)
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Lo conocí en los pasillos de Tribunales hace años. Era de esos abogados que te hablaban de frente, sin vueltas. Una pérdida grande para el foro rosarino.
Que descanse en paz. Sobrevivir a eso y seguir laburando con la misma dignidad dice todo de la persona que era.
Esperen, ¿no estaba imputado en lo del juego clandestino? No digo que sea culpable, pero tampoco lo canonicen tan rápido.
Una imputación no es una condena, amigo. Cuántos abogados terminan imputados por defender a quien no les gusta al poder de turno. Hay que ser más cuidadoso con eso.
No dije que fuera culpable, dije que no lo canonicen. Hay una diferencia. Igual, que en paz descanse.
Me acuerdo del atentado como si fuera ayer. Fue un sacudón para toda la ciudad. Que un abogado fuera baleado frente a Tribunales era un mensaje para todos.
Y encima en 2023 fue a la audiencia a oponerse a la domiciliaria del tipo que lo quiso matar. Eso sí que tiene agallas. Respeto enorme.
La nota dice que los empresarios farmacéuticos mandaron a matarlo. ¿Eso se investigó a fondo? ¿Hubo condenas para los que dieron la orden?
Esa es la pregunta que nadie responde nunca. El que aprieta el gatillo va preso, los que pagan siguen libres y haciendo negocios. Siempre igual.
Descanse en paz. Era una figura respetada en el ambiente judicial, más allá de las polémicas del final. Esas cosas las define la Justicia, no los comentarios de internet.
71 años tenía cuando lo balearon y siguió laburando. Eso es temple, che.
Mi hijo estudia abogacía y siempre me hablaba de Tortajada como referente. Una pena enorme. Ojalá los que vienen aprendan de su dedicación.