La violencia armada que azota los barrios populares de Rosario cobró otra vida joven este lunes. Jonás, un adolescente de 16 años, murió a las 6.30 de la mañana en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca), donde permanecía internado en estado crítico desde hacía casi dos semanas. No pudo superar las heridas de dos disparos en el pecho que recibió la noche del viernes 17 de julio.
El ataque ocurrió en un asentamiento del barrio Ludueña, en la calle Teniente Agneta entre Tupac Amaru y Casilda, en las inmediaciones de la doble traza del Ferrocarril Mitre. Según reconstruyeron fuentes oficiales, esa noche un grupo de adolescentes armados, encapuchados y con gorras llegó caminando por las vías hasta la vivienda de Jonás y descargó una veintena de disparos contra quienes se encontraban adentro.
La brutalidad del ataque no discriminó: además del joven que finalmente perdió la vida, dos mujeres resultaron heridas en el mismo episodio. Una de ellas estaba embarazada, lo que agravó aún más la dimensión del hecho y generó una ola de indignación en el barrio.
Una versión que circuló entre vecinos e investigadores indica que Jonás había tenido una pelea ese mismo día con integrantes de una gavilla de adolescentes identificada con la marca delictiva Los Menores, y que ese enfrentamiento habría desencadenado el ataque nocturno. La hipótesis apunta a una represalia planificada y ejecutada en pocas horas, lo que refleja la dinámica de escalada violenta que caracteriza a estos grupos en los márgenes de la ciudad.
El caso vuelve a poner en el centro del debate la situación de los jóvenes en los barrios más vulnerables de Rosario, donde la exposición a la violencia armada desde edades tempranas sigue siendo uno de los problemas más urgentes. Ludueña, históricamente uno de los barrios con mayor índice de conflictividad social, concentra también una importante presencia de organizaciones comunitarias y programas sociales que trabajan a contrarreloj para ofrecer alternativas a los pibes.
El equipo médico del Heca —referencia indiscutida en la atención de heridos de bala en la ciudad— hizo todo lo posible durante las dos semanas que Jonás estuvo internado, pero las lesiones resultaron irreversibles. Su muerte suma un nombre más a la larga lista de adolescentes rosarinos que no llegan a cumplir los 18 años por la violencia narco y territorial.
La investigación del hecho está en manos de la Justicia provincial, aunque hasta el momento no trascendieron datos sobre detenidos o imputados en la causa.

Comentarios (13)
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16 años. 16 años tenía este chico. Me parte el alma. Y lo peor es que ya ni nos sorprende, eso es lo más triste de todo.
¿Y los detenidos? ¿Alguien cayó preso? No, claro que no. Como siempre, la noticia dura dos días y después a otra cosa.
Hay que ver qué hacía el pibe también, no todo es culpa del Estado. Si andaba con Los Menores algo tenía que ver.
Marcelo, tenía 16 años. ¿Qué 'algo tenía que ver'? Los pibes de esos barrios no eligen nacer ahí. La pobreza y el abandono los empujan a eso. Un poco de empatía no te haría mal.
Valeria no te estoy culpando al pibe, te estoy diciendo que hay contexto. Pero tampoco podemos hacernos los ciegos con lo que pasa en esos barrios.
Y la embarazada? Alguien sabe cómo está? La nota no dice nada de eso y me preocupa.
Yo trabajo en una organización social en Ludueña y les juro que los vecinos están hartos. Hartos de enterrar pibes, hartos de vivir con miedo, hartos de que el Estado llegue tarde siempre.
El Heca hace milagros con lo que tiene. Dos semanas lo mantuvieron vivo. El problema no es el hospital, el problema es que los pibes llegan baleados.
Monteverde tiene que hacer algo urgente con Ludueña. No puede ser que sigan pasando estas cosas. ¿Dónde están los programas sociales?
Los programas sociales existen, el tema es que llegan tarde o no llegan a todos. Yo vivo cerca y hay laburantes sociales que se matan trabajando, pero contra una bala no podés hacer mucho.
Una veintena de disparos contra una casa donde había mujeres y un adolescente. Esto es terrorismo, llámenlo por su nombre.
Descansen en paz el pibe y que se recuperen las mujeres. Nada más que agregar, estoy sin palabras.
El problema de fondo es la desigualdad estructural. Mientras haya pibes sin futuro, sin trabajo, sin educación de calidad, esto no para. No alcanza con más policías.