El nombre de Nayib Bukele vuelve a circular fuerte en las redes y en los buscadores argentinos. El presidente de El Salvador se convirtió en el ídolo de la derecha latinoamericana gracias a su política de mano dura contra las pandillas, el estado de excepción permanente y la masificación del encarcelamiento. Y claro, en un país donde Milei mira con admiración todo lo que viene del exterior siempre que sirva para ajustar derechos, el modelo Bukele cotiza alto.
Acá en Rosario, donde la violencia narco dejó heridas profundas en los barrios populares, el debate sobre seguridad es real y duele. Nadie puede negar eso. Los vecinos de Empalme, de Las Flores, de Ludueña saben lo que es vivir con miedo. Pero una cosa es reconocer el problema y otra muy distinta es aplaudir un modelo que suspende garantías constitucionales, mete presos sin pruebas y convierte la desesperación popular en un cheque en blanco para el autoritarismo.
Bukele construyó su imagen sobre una base real: El Salvador era uno de los países más violentos del mundo. Pero lo que no te cuentan los entusiastas de la mano dura es el costo. Miles de personas detenidas sin proceso judicial, denuncias de torturas, muertes en prisión, familias destruidas. El Salvador bajó los homicidios, sí, pero a un precio que ninguna democracia debería estar dispuesta a pagar. ¿O acaso vamos a aplaudir que te lleven en cana por la cara?
Lo que me preocupa, y lo digo con todas las letras, es que en Argentina este modelo le sirve de cobertura ideológica a Milei y a toda la derecha para avanzar sobre derechos que el movimiento obrero conquistó con décadas de lucha. Si normalizamos la idea de que para resolver problemas sociales hay que suspender derechos, el próximo paso es criminalizar la protesta, perseguir sindicatos, meter presos a los piqueteros. No es paranoia: es historia.
En Santa Fe, la discusión sobre seguridad tiene que ir de la mano de inversión en los barrios, trabajo genuino, presencia del Estado donde el narco llenó el vacío que dejó el ajuste. Eso es lo que propone Pablo Monteverde desde la gestión municipal: no hay seguridad sin política social. No hay paz sin justicia social. El modelo Bukele es la antipoda de eso: es represión sin raíces, espectáculo sin solución de fondo.
Que Bukele sea tendencia nacional no es casualidad. Es el síntoma de una época donde la desesperación de la gente es capitalizada por los que quieren menos Estado, menos derechos y más control. Nosotros, los peronistas de base, los que bancamos al trabajador y al pibe del barrio, tenemos que dar ese debate con información, con convicción y sin miedo. Porque si no lo damos nosotros, lo ganan ellos.
Comentarios (4)
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Muy de acuerdo Hugo. Acá en el barrio sufrimos la violencia pero no queremos vivir en una dictadura tampoco. El problema es más profundo y necesita más Estado, no menos.
Che, pero los resultados en El Salvador están a la vista. Bajaron los homicidios a la mitad. Algo habrá que hacer porque así tampoco se puede vivir.
Siempre lo mismo con ustedes los peronistas, cualquier cosa que funcione la critican porque no la inventaron ustedes. El pueblo quiere seguridad.
Excelente nota Hugo. Lo que no dicen los que admiran a Bukele es que hay miles de inocentes presos. Eso no es justicia, es venganza disfrazada de orden.