Las cifras no mienten, aunque a veces incomodan. Una encuesta nacional sobre 255 pequeñas y medianas empresas y trabajadores independientes correspondiente al segundo trimestre de 2026 pinta un cuadro severo para el sector: casi la mitad de los consultados reportó una caída en sus ventas, un tercio opera directamente a pérdida y la capacidad instalada se utiliza apenas al 50%. Para colmo, el 60% de los encuestados cree que lo que resta del año no traerá alivio.
El relevamiento es la Encuesta Radar PyME, que realiza trimestralmente la Asociación de Empresarios y Empresarias Nacionales (Enac). Sus resultados del segundo trimestre de 2026 son, cuanto menos, para leer con atención: muestran el estado real de una base productiva que lleva décadas construida y que hoy enfrenta una tormenta de variables adversas combinadas.
El dato más elocuente sobre la situación financiera del sector es el motivo por el que las pymes toman deuda. El 28,2% se endeuda para reponer capital de trabajo y el 25,9% para pagar salarios o aguinaldos. No son deudas de expansión ni de inversión: son deudas de supervivencia. A eso se suma una brecha financiera estructural: el plazo promedio de cobro es de 49,7 días, mientras que el plazo de pago de insumos es de 36,7 días, lo que genera una diferencia de 13 días que el empresario debe financiar de su propio bolsillo.
La situación se agrava porque el 65,9% de los encuestados debió aceptar extensiones unilaterales de plazos por parte de sus clientes, y más de la mitad reportó un mayor incumplimiento en los pagos. En ese contexto, no sorprende que apenas el 19,2% planee invertir para expandirse en los próximos seis meses.
¿Cuáles son los frenos al crecimiento? El primero y más mencionado es la caída del mercado interno, señalada por el 78,8% de los consultados. El mercado doméstico es el destino casi exclusivo de lo que producen estas empresas, y cuando ese mercado se contrae, el impacto es directo e inmediato. En segundo lugar aparece la disminución de los márgenes de rentabilidad (63,9%), porque muchos no pudieron trasladar costos a precios y debieron absorber la diferencia. La presión impositiva completa el podio, mencionada por el 39,6%.
Un capítulo aparte merece la apertura de importaciones: el 47,1% de las pymes dice verse perjudicada por la competencia importada, con la que compite en condiciones claramente asimétricas. Solo el 13,7% asegura beneficiarse de esa apertura. La brecha habla por sí sola sobre quiénes ganan y quiénes pierden en este esquema.
Desde el punto de vista geográfico, Santa Fe representa el 11% del total relevado, ubicándose como la tercera provincia con mayor participación después de la provincia de Buenos Aires (46,9%) y la Ciudad de Buenos Aires (25,1%), y por encima de Córdoba, que concentra apenas el 6,3%. Eso le da a los datos una relevancia directa para el tejido productivo rosarino y santafesino.
El perfil de quienes respondieron la encuesta también dice mucho: el 81% de los negocios tiene más de 10 años de trayectoria, y el 30,4% supera los 30 años de existencia. No son emprendedores improvisados: son empresarios con experiencia y estructuras consolidadas. Sin embargo, el sector muestra una preocupante falta de renovación generacional: el 73,3% tiene entre 40 y 69 años, y apenas el 1,2% es menor de 30 años. Si el presente es difícil, el futuro del sector depende de que alguien quiera tomar la posta, y hoy ese relevo no aparece.
El debate sobre las causas de este cuadro es legítimo y necesario. Hay quienes señalan al actual modelo económico como responsable directo; otros argumentan que la herencia de décadas de déficit, inflación y presión tributaria aplastante es lo que realmente asfixia al sector privado, y que el ajuste —por doloroso que sea— es el único camino hacia una economía sana donde las pymes puedan crecer de verdad. Lo que los números no admiten es relativización: el sector está bajo presión, y las respuestas de política económica, en cualquier dirección, tienen consecuencias concretas sobre miles de familias.

Comentarios (15)
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Tengo una metalúrgica en el Parque Industrial de Rosario hace 22 años. Nunca la pasé tan mal como ahora. No es ideología, son los números: no entra plata, los insumos subieron, y el cliente no paga en término. Esto no lo aguanta nadie.
Y antes con el kirchnerismo todo era color de rosas, ¿no? Inflación del 300%, cepo, importaciones prohibidas, dólar trucho. Las pymes también se fundían, solo que nadie hacía encuestas. El ajuste duele pero era inevitable.
No te estoy hablando de kirchnerismo ni de Milei, te estoy hablando de mi empresa. Yo sobreviví a todos los gobiernos. Este me está costando más que ninguno. Los números son los números.
Lo de la renovación generacional me parece lo más grave de todo. Si solo el 1,2% de los empresarios tiene menos de 30 años, ¿quién va a sostener este tejido productivo en 20 años? Los jóvenes se van o trabajan en relación de dependencia porque emprender es un suicidio.
Encuesta hecha por Enac, que es una asociación empresaria opositora al gobierno. Hay que leer los datos con ese contexto. No digo que mientan, pero el sesgo existe.
¿Y? ¿Los datos son falsos entonces? Un tercio a pérdida es un tercio a pérdida, lo diga quien lo diga. Atacar la fuente no refuta los números.
No dije que sean falsos, dije que hay que leerlos con contexto. Hay encuestas de cámaras empresarias kirchneristas que también muestran catástrofes. La metodología importa.
49 días para cobrar y 36 para pagar. Eso solo ya te funde. Y encima el cliente te estira los plazos unilateralmente. Eso es robo liso y llano.
Soy contador y trabajo con pymes hace 15 años. La brecha de 13 días que menciona la nota parece poco pero cuando la multiplicás por el volumen de operaciones y la tasa de interés actual, es devastadora. Muchos financian esa brecha con tarjeta o descubierto.
Y mientras tanto los políticos cobran sus sueldos en término, tienen obra social de primera y jubilaciones de privilegio. Que vengan a explicarle a un pyme cómo sobrevivir.
Lo que más me llama la atención es que el 81% tiene más de 10 años. No son improvisados. Si empresas con tanta trayectoria están en rojo, algo muy estructural está fallando.
mi viejo tiene un taller en Rosario hace 25 años y este año por primera vez habló de cerrar. nunca lo había escuchado decir eso
El 47% perjudicado por importaciones vs 13% beneficiado. Eso es lo que hay que debatir. La apertura puede ser buena en el largo plazo pero si destruye la industria local antes de que haya condiciones para competir, el daño es irreversible.
La apertura baja precios para los consumidores y obliga a las empresas a ser eficientes. Si no pueden competir con importados es porque sus costos son artificialmente altos gracias a décadas de proteccionismo. El dolor es real pero la dirección es correcta.
Decile eso al que tiene 30 años de taller y cierra la semana que viene. La teoría es linda, la realidad es otra.