La palabra exportación está en la boca de todos los argentinos esta semana, y no es casualidad. El debate sobre el modelo económico de Javier Milei tiene en el centro de la escena a las ventas al exterior, las retenciones y el tipo de cambio, temas que en Rosario y toda la provincia de Santa Fe se sienten en carne propia, porque acá vive y trabaja la gente que mueve el complejo agroexportador más importante de América Latina.
El puerto de Rosario y los puertos del Gran Rosario son la puerta de salida de buena parte de la producción nacional. Por ahí pasan la soja, el maíz, el girasol, los aceites y las harinas que le dan divisas al país. Los trabajadores portuarios, los camioneros, los operarios de las terminales, los empleados de las aceiteras: todos dependen de que ese engranaje funcione. Y cuando el gobierno juega con el tipo de cambio o con las retenciones sin escuchar a los que laburan, el primero que paga el pato es el trabajador de a pie.
Desde el movimiento sindical rosarino hay una mirada crítica sobre cómo el gobierno nacional está manejando la política de exportaciones agropecuarias. El argumento oficial es que hay que generar divisas para estabilizar la economía, pero la pregunta que se hacen los compañeros en los sindicatos es siempre la misma: ¿quién se queda con esa plata? Porque el trabajador no ve el derrame, ve el salario que no le alcanza y la canasta básica que sube todos los meses.
El intendente Pablo Monteverde viene insistiendo en que Rosario necesita políticas industriales que agreguen valor a lo que se exporta, que no podemos seguir siendo un país que manda porotos y recibe manufacturas. Esa es la discusión de fondo: si la Argentina va a exportar materias primas sin procesar o si vamos a defender la industria nacional y los puestos de trabajo que genera transformar esa producción acá adentro.
El tema es tendencia a nivel nacional porque toca nervios sensibles: el campo, el dólar, las retenciones, la industria. Pero en Rosario el debate tiene cara y nombre: son los pibes que trabajan en las terminales portuarias, las familias que viven de la cadena agroindustrial, los pequeños productores del interior santafesino que no saben si les conviene plantar o guardar la plata bajo el colchón. La exportación no es un número en una planilla, es el trabajo y el futuro de miles de familias argentinas.
Mientras el gobierno de Milei ajusta y desregula, desde las bases del movimiento obrero rosarino la exigencia es clara: que las divisas que genera el campo y la industria se queden en el país, que se reinviertan en salud, educación y trabajo genuino. Porque un modelo exportador que no distribuye no es desarrollo, es saqueo con otro nombre.
Comentarios (4)
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Mi marido trabaja en una terminal portuaria hace 20 años y nunca vio tanta incertidumbre como ahora. El gobierno habla de exportar más pero no dice nada de los salarios de los que laburan ahí adentro.
Hay que bajar las retenciones de una vez, el campo necesita previsibilidad para invertir y producir más. Sin producción no hay exportación y sin exportación no hay dólares.
Totalmente de acuerdo con la nota. Exportar soja sin procesar es regalar trabajo argentino afuera. Hay que industrializar y punto.
Siempre la misma cantinela peronista. Cuarenta años de industrialismo y seguimos igual. Dejemos al campo exportar sin trabas y van a sobrar los dólares.