El municipio de Rosario empuja una nueva etapa en la política urbana: acelerar la prohibición de los cuidacoches y lograr que el Concejo Municipal apruebe cuanto antes la ordenanza que permitirá aplicar en la ciudad la nueva ley provincial.
La iniciativa llega después de que el intendente Pablo Javkin consiguiera la regulación de las aplicaciones de transporte, con Uber, Didi y otras plataformas. Ahora el foco se desplaza hacia otra discusión que ya genera fuertes cruces políticos: cómo terminar con la actividad de los denominados trapitos en la vía pública.
El oficialismo municipal presiona para que la ordenanza no quede en el terreno de la discusión larga. La idea es convertir en norma local la nueva ley provincial y cerrar una etapa de actividad en la vía pública que el municipio busca terminar.
La secuencia política es clara: primero se avanzó con la regulación de las aplicaciones de transporte; ahora se intenta replicar ese movimiento sobre los cuidacoches. Para el gobierno local, la prohibición no es un tema menor, sino una pieza más de la discusión por la vía pública.
El problema es que la discusión no se limita a un texto legal. La prohibición de los trapitos vuelve a poner en el centro la vía pública y el tratamiento en el Concejo Municipal, donde se definirá el ritmo de la medida.
En el fondo, la ordenanza busca aplicar en Rosario la nueva ley provincial. Ese detalle importa: la ciudad no inventa una regla aislada, sino que intenta alinear la normativa local con el marco que ya existe a nivel provincial.
La presión del oficialismo aparece como una señal de que el intendente Pablo Javkin quiere evitar que el tema se diluya en el debate político. La meta es aprobar la ordenanza cuanto antes y tener habilitada la prohibición de los cuidacoches en la ciudad.
El antecedente de Uber, Didi y otras plataformas muestra que el municipio ya transitó una discusión similar. Ahora, con los trapitos, el desafío es distinto: la actividad está en la vía pública y genera fuertes cruces políticos.
Para el gobierno local, la aprobación rápida de la ordenanza permitiría pasar de la discusión a la aplicación de la nueva ley provincial. Para el resto del debate político, la velocidad del tratamiento vuelve a poner en el centro el rol del Concejo Municipal.
La ordenanza no solo define si se prohíbe la actividad de los cuidacoches; también define el tono de la gestión de Pablo Javkin frente a un tema que ya se instaló como uno de los fuertes cruces políticos de la ciudad.
Con información de: La Capital, sobre la ordenanza de Rosario.
Comentarios (10)
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Por fin se toca el tema. Los trapitos son un desorden en la vía pública y la ordenanza debería aprobarse sin vueltas.
Ojo con prohibir sin alternativa. Muchos cuidacoches viven de eso y la ordenanza no puede ser solo para contentar a los que tienen auto.
Lo que pasa es que primero regularon Uber y Didi, ahora van por los que no tienen app. El Estado siempre mete la mano.
No es lo mismo. Las apps tienen reglas y los trapitos están en la vía pública sin control.
¿Y quién controla a los inspectores? Si no hay transparencia, va a ser otro negocio.
Me interesa saber si la ordenanza va a aplicarse igual en el centro y en los barrios. Que no sea solo para los que pasan en auto.
Javkin ya se llevó la regulación de las plataformas, ahora quiere el crédito de prohibir a los cuidacoches.
No es crédito, es orden. Si la ley provincial ya existe, la ordenanza local es necesaria.
La clave es que el Concejo Municipal trate la ordenanza cuanto antes y no la deje en el terreno de la discusión larga.