Lo que le está pasando a María Eugenia en Rosario no debería ser posible. Hay dos órdenes judiciales vigentes. Hay pericias. Hay una sentencia que dice que el padre no está apto para ejercer el rol paterno. Y sin embargo, hace más de 18 meses que esta mujer no puede abrazar a su hijo.
El caso es un ejemplo brutal de lo que los especialistas llaman violencia vicaria: la modalidad en que un agresor usa a los hijos como herramienta de daño contra la madre. Pero acá hay un agravante que indigna: el sistema que debería protegerla terminó siendo parte del problema.
Según explicaron a este portal las abogadas Julieta Navone y Vanesa Vargas, que representan a la mujer, el progenitor incumple dos resoluciones dictadas por el Juzgado de San Nicolás: una prohibición de acercamiento con el niño y una orden de restitución a la madre. Las medidas surgieron de pericias que determinaron que el hombre no está en condiciones de ejercer la paternidad. Por esas infracciones, además, se tramita un juicio penal en esa misma jurisdicción.
Pero el hombre no acató nada. Se mudó con el chico a Rosario y desde entonces el contacto entre madre e hijo es cero. Cero llamadas. Cero visitas. Cero.
El martes 15 de septiembre, en una audiencia convocada por el juzgado, María Eugenia se acercó a la puerta de ingreso de los Tribunales de Rosario. Cuando vio llegar a su hijo, lo llamó. Solo quería saludarlo. El padre reaccionó de inmediato: avisó a la Policía alegando una supuesta prohibición de acercamiento que, según las abogadas, no existe. La mujer fue echada del lugar.
Pero ahí no terminó. Cuando las letradas y su clienta se dirigieron al pasillo de las defensorías, donde iba a realizarse la escucha del niño, la Defensora Civil N° 6 de Tribunales también les prohibió estar presentes. Sin ninguna orden que lo justificara.
«Ella solo quería ver a su hijo, a quien no ve desde hace más de un año. Toda esta situación transfiere y plasma la violencia que está sufriendo María Eugenia», señaló Navone, con una precisión que duele: lo que pasó ese martes en los pasillos de Tribunales no fue un error burocrático. Fue una nueva forma de violencia, esta vez con sello institucional.
«La madre viene de una relación violenta con él, por lo que no está sorprendida con la situación, pero sí está muy dolida porque sabe que esto ha escalado y que ahora la víctima es su hijo», agregó la abogada. Esa frase lo resume todo: una mujer que sobrevivió la violencia de pareja ahora tiene que ver cómo esa misma violencia se ejerce sobre su hijo, y cómo el Estado, en lugar de frenarla, la facilita.
¿Cuántas órdenes judiciales tiene que incumplir un hombre para que alguien lo detenga? La prohibición de acercamiento fue confirmada por la Cámara en mayo de 2026. Hay una sentencia que reconoce la violencia vicaria. Hay un juicio penal abierto. Y el tipo sigue ahí, con el chico, en Rosario, como si nada.
El caso quedó ahora en manos de un Juzgado de Familia de Rosario que intervino por la urgencia, aunque no es el tribunal de origen. Las abogadas esperan una resolución que, esta vez, se cumpla. María Eugenia también espera. Lleva 547 días esperando.
La violencia vicaria no siempre deja marcas visibles. Pero destruye igual. Y cuando el sistema que debería proteger a las víctimas termina siendo cómplice del agresor, la destrucción es doble.

Comentarios (13)
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Esto es una vergüenza absoluta. Hay dos órdenes judiciales y el tipo sigue haciendo lo que quiere. ¿Para qué sirve la Justicia entonces? Me parte el alma pensar en esa madre.
Y la defensora civil que la echó del pasillo sin ninguna orden... eso también es violencia. El sistema la revictimizó en la cara de todos.
Antes de opinar habría que escuchar las dos campanas. No digo que la madre mienta, pero los medios siempre cuentan una sola versión en estos casos.
¿Qué 'dos campanas', Marcos? Hay pericias judiciales, una sentencia de la Cámara y un juicio penal abierto. Los datos están en el expediente, no son opiniones.
exacto lo que dice Julieta, no es cuestion de versiones cuando hay resoluciones judiciales firmes
Trabajo en el ámbito de la salud mental y la violencia vicaria es devastadora para los chicos. Ese niño está siendo dañado todos los días que pasa sin su madre. Ojalá el juzgado de Familia actúe rápido.
Me pasó algo parecido hace años. Es agotador pelear contra el sistema y contra el agresor al mismo tiempo. Fuerza María Eugenia, no estás sola.
547 días. El número que pone la nota es demoledor. Casi año y medio sin ver a tu hijo. No puedo ni imaginarlo.
Lo de la policía echándola con una excusa falsa me parece lo más grave. Alguien mintió sobre una prohibición de acercamiento que no existe. Eso tiene nombre: abuso de autoridad.
Ojalá que las abogadas puedan lograr algo concreto. Pero lamentablemente estos casos se eternizan en la Justicia argentina y los que pagan son los chicos.
Comparto para que se difunda. Esta mujer necesita que la gente sepa lo que le están haciendo.
El problema es que la violencia vicaria todavía no está tipificada como delito autónomo en el Código Penal argentino. Mientras eso no cambie, los agresores van a seguir encontrando grietas.
Y mientras tanto el pibe crece sin su mamá. Una tristeza enorme.