Lo que vivió esta familia el sábado a la tarde en General Lagos no se olvida fácil. Cinco personas maniatadas, un hombre golpeado en la cabeza con la culata de un arma, y un grupo de delincuentes que entró y salió de la propiedad como si nada, en plena zona rural, a metros de una localidad que dista apenas 25 kilómetros al sur de Rosario.
El hecho ocurrió el sábado 22 de agosto alrededor de las 17, en una vivienda ubicada en el área rural de General Lagos, una pequeña localidad del departamento Constitución, en el sur de la provincia de Santa Fe. Según la información disponible, los asaltantes llegaron al lugar a bordo de una Renault Oroch color bordó, un dato que los investigadores tomaron como punta de hilo para avanzar en la causa.
El ingreso fue violento. Sin mediar demasiadas palabras, los delincuentes armados redujeron a las cinco personas que se encontraban en el interior de la vivienda, entre ellas un menor de edad. Las maniataron a todas y comenzaron a exigir dinero en efectivo. La escena, en una tarde de sábado en un paraje tranquilo, debió haber sido de un terror difícil de dimensionar desde afuera.
En el transcurso del asalto, uno de los adultos recibió un golpe en la cabeza con la culata de un arma de fuego. Una agresión que no tiene ninguna justificación operativa: es pura brutalidad, el mensaje de que están dispuestos a ir más lejos si hace falta. El hombre fue atendido en el lugar por personal del SIES —el Servicio de motociclista-que-sufrio-un-sinies.html" class="auto-link">Emergencias Sanitarias de la provincia— que llegó tras la denuncia.
Los asaltantes se fueron con lo que encontraron: un televisor y dos bicicletas. Un botín miserable para el nivel de violencia desplegado. Eso también dice algo sobre el perfil de quienes cometieron el hecho: no eran profesionales buscando una caja fuerte, eran tipos dispuestos a lastimar por lo que hubiera.
Efectivos de la Policía de Santa Fe realizaron las pericias en el lugar una vez que se tomó conocimiento del robo. La investigación quedó en manos de la justicia local, aunque por ahora no trascendieron detenciones ni identificaciones formales de los responsables.
¿Cuántas familias más tienen que pasar por esto antes de que el Estado garantice presencia real en las zonas rurales del sur provincial? General Lagos no es un punto aislado: es parte de un corredor donde la distancia con los centros urbanos se convierte en ventaja para los delincuentes y en desamparo para los vecinos. La Oroch bordó se fue por algún camino de tierra y nadie la vio más. Esa imagen lo resume todo.

Comentarios (13)
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Esto es desesperante. Una familia entera maniatada, un chico incluido, y los delincuentes se van tranquilos con dos bicicletas. ¿Para qué existe la policía en esas zonas?
La policía no puede estar en todos lados, Graciela. El problema es estructural, no es culpa de los efectivos que están desbordados.
Estructural o no, a esa familia no le sirve el análisis. Le sirve que alguien los proteja. Y no hubo nadie.
Mi cuñada vive en General Lagos y me llamó asustadísima cuando se enteró. Dice que no es la primera vez que pasa algo así por esa zona. Los vecinos están hartos.
Una Oroch bordó no es un auto que pase desapercibido. Si la policía hace bien el trabajo debería poder rastrearla. A ver si hay voluntad.
Voluntad... jajaja. Bienvenido a Santa Fe, amigo.
Lo que más me indigna es el golpe en la cabeza con la culata. No era necesario para robar. Es sadismo puro. Ojalá los encuentren pronto.
Hay que ver cómo queda psicológicamente ese menor que estaba adentro. Eso no se borra fácil. El daño va mucho más allá del televisor y las bicicletas.
¿Y Pullaro dónde está? ¿Cuándo fue la última vez que el gobernador pisó una zona rural del sur provincial?
No todo es culpa de Pullaro, che. Esto viene de hace décadas. Tampoco seamos injustos.
Décadas sí, pero él prometió seguridad en campaña. Cuando prometés, te hacés cargo.
Que espanto. Cinco personas indefensas, una de ellas un nene. Espero que el hombre golpeado se recupere bien y que a los responsables los encuentren.
En el campo estás solo. Sin cámaras, sin vecinos cerca, sin nada. Los delincuentes lo saben perfectamente y eligen esos lugares por eso.