Lo que pasó el jueves a la noche en el barrio Tiro Suizo es el tipo de noticia que ya no debería sorprender a nadie en Rosario, y eso es exactamente el problema. Dos pibes, de 16 y 17 años, estaban parados en la esquina de Presidente Roca y Anchorena, en la zona sur, cuando alguien se les acercó, disparó y se fue. Así de simple. Así de brutal.
El hecho ocurrió alrededor de las 20.30 del jueves, en plena tarde-noche, en una de las zonas que más ha sufrido la escalada de violencia armada en los últimos años. El agresor, según los primeros testimonios recabados por la policía, llegó en una moto de 110 cc, vestía un camperon negro y escapó sin que nadie pudiera identificarlo ni detenerlo. Cuatro vainas servidas quedaron en el piso como única evidencia de lo que acababa de pasar.
El más grave de los dos es Yair G., de 16 años. Lo trasladaron al Hospital de Emergencias Heca, donde los médicos confirmaron que recibió impactos de bala en el abdomen y el tórax. Fue intervenido quirúrgicamente y su estado, según informaron desde el centro médico, es grave. Un pibe que todavía no terminó la secundaria, peleando por su vida en una sala de cirugía.
Su compañero, Alejo R., de 17 años, corrió con algo más de suerte, si es que esa palabra tiene sentido en este contexto. Recibió un impacto de bala en el codo izquierdo y fue internado en el Hospital Centenario. Sus heridas, dijeron los médicos, no comprometen su vida.
El Comando Radioeléctrico llegó al lugar tras los llamados al 911 y convocó una ambulancia del Sies. La escena que encontraron era la de siempre: dos chicos en el piso, sangre, vecinos aterrados y el tirador ya lejos, perdiéndose en la noche rosarina arriba de una moto.
¿Cuántos episodios más necesita la zona sur para que alguien en serio se haga cargo? El barrio Tiro Suizo no es una excepción en el mapa de la violencia local: es parte de un corredor que acumula ataques, ajustes de cuentas y víctimas que cada vez son más jóvenes. Dieciséis años. Diecisiete años. Esa es la edad de las víctimas de esta noche. La misma edad que tienen los hijos de muchos de los que leen esta nota.
El agresor sigue libre. La investigación está en manos de la Fiscalía de turno, que deberá determinar si el ataque responde a una disputa entre bandas, a un ajuste de cuentas o a algo todavía sin explicación. Por ahora, lo único concreto son las cuatro vainas levantadas del asfalto y dos familias destrozadas esperando noticias en los pasillos de dos hospitales distintos.

Comentarios (13)
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16 años. Operado de urgencia. Y el que disparó tomando mate en su casa. No hay palabras para describir lo que está pasando en esta ciudad.
Vivo a cuatro cuadras de ahí. Los tiros se escucharon clarito. Ya nadie sale tranquilo después de las ocho de la noche por esa zona.
Hay que ver qué estaban haciendo esos pibes ahí parados. No digo que se lo merecen, pero tampoco son inocentes el cien por ciento de las veces.
Rodrigo, en serio? Tienen 16 y 17 años. Estaban parados en una esquina. Eso hacíamos todos a esa edad. Dejá de justificar lo injustificable.
No estoy justificando nada, Mariela. Estoy diciendo que el contexto importa. Pero bueno, si querés vivir en la fantasía de que todos son víctimas inocentes, adelante.
Che, el HECA ya no da más. Los médicos hacen milagros pero el sistema está al límite. Ojalá el pibe se recupere.
Y Pullaro dónde está? Tanto discurso de seguridad y los pibes se siguen muriendo en la zona sur.
Tere, esto no es de ahora. Viene de hace años. No le cargues todo a un gobierno que lleva poco tiempo. El problema es estructural y lo sabemos todos.
Marcelo, estructural o no, la gente vota para que alguien lo resuelva. Si no pueden, que lo digan y listo.
Cuatro vainas en el piso y el moto ya estaba a diez cuadras. Así no hay investigación que alcance.
Trabajo en el Centenario. No voy a dar detalles pero puedo decir que situaciones así las vivimos cada semana. Es agotador y desgarrador al mismo tiempo.
fuerza yair, salí adelante pibe
Lo que más me preocupa es que ya nadie se sorprende. Leemos la nota, ponemos un comentario y mañana es otra víctima. Nos acostumbramos y eso es lo más peligroso.