Lo que construyó Walter 'Viejo' González desde adentro de la cárcel no fue solo una red de narcomenudeo: fue una estructura familiar, con su madre como engranaje central. Este jueves, esa estructura recibió otro golpe judicial.
Marta Mabel González, de 57 años, fue condenada a cuatro años de prisión por integrar la banda criminal que su hijo lidera desde el pabellón de alto perfil de la cárcel de Piñero. La pena fue homologada por el juez Rafael Coria en un procedimiento abreviado, once meses después de su detención durante una serie de allanamientos en agosto de 2025.
El fiscal Alejandro Caron le atribuyó el delito de asociación ilícita agravada por la participación de menores de edad. No era una figura decorativa dentro de la organización: según la acusación, Marta administraba y organizaba los búnkeres que la banda explotaba en el humilde barrio Copello, de Capitán Bermúdez, usaba su propia vivienda como centro de reuniones y coordinaba el funcionamiento de las bocas de expendio de droga en toda la zona.
La investigación establece que la asociación ilícita operó entre julio de 2023 y agosto de 2025 en Rosario, Capitán Bermúdez, San Lorenzo y Carcarañá. El mapa del delito era amplio y el catálogo de crímenes, extenso: narcomenudeo, homicidios, tentativas de homicidio, balaceras, amenazas, extorsiones, robos y usurpaciones. Una organización con estructura de mando basada en vínculos familiares, donde la sangre era también jerarquía.
El eje de todo es Walter 'Viejo' González, de 40 años, un nombre que no es nuevo en los expedientes judiciales del Gran Rosario. Ya en 2020 fue condenado a 20 años de prisión por comandar otra banda vinculada a tres homicidios en el Cordón Industrial, y antes había recibido una condena federal por narcotráfico. Preso, pero no inactivo: según la Fiscalía, impartía órdenes a través de las visitas que recibía y de otros internos, con su pareja y su madre como correa de transmisión hacia el resto de la organización.
¿Cuál era el objetivo de esa maquinaria de violencia? Según los investigadores, varios de los ataques ordenados desde prisión apuntaban a responder al endurecimiento de las condiciones de detención dispuesto por el gobierno provincial para los presos de alto perfil, y a enviar un mensaje intimidatorio a las autoridades. Una represalia planificada desde una celda.
Los hechos más resonantes hablan por sí solos. El 2 de marzo de 2024, dos gatilleros dispararon desde un auto contra un colectivo de la empresa Laguna Paiva que trasladaba agentes del Servicio Penitenciario sobre Circunvalación, a la altura de barrio Rucci. Uno de los proyectiles pasó a centímetros de la cabeza de un agente. Después del ataque, dejaron un cartel con amenazas vinculadas a los presos de alto perfil. El mensaje era claro y brutal.
Semanas antes, el 24 de enero de 2024, dos sicarios llegaron en moto al Rondó Bar, en Rondeau al 3900, barrio La Florida. Arrojaron un mensaje mafioso e intentaron abrir fuego. El ataque no se concretó porque la pistola se trabó. Las cámaras de seguridad registraron la escena: clientes escapando en pánico, sicarios con el arma fallada. Una imagen que condensa todo lo que esta banda representa para la ciudad.
La condena de Marta González es un eslabón más en el desmantelamiento judicial de esta estructura. Pero mientras Walter 'Viejo' González siga en Piñero con capacidad de comunicarse hacia afuera, la pregunta que queda flotando es inevitable: ¿alcanza con condenar a los mensajeros si el que da las órdenes sigue operando desde adentro?

Comentarios (15)
Deja tu comentario
Cuatro años por ser parte de una organización que ordenó matar penitenciarios. Cuatro años. ¿En serio? Encima con abreviado, va a salir antes. La Justicia sigue siendo una broma.
Al menos algo se mueve. Antes estas causas se caían solas o no llegaban a juicio. Que condenen a la madre manda un mensaje: nadie en la cadena está a salvo, aunque sea familia.
Marcelo, ¿qué mensaje? Si la pena es una pavada. Cuatro años con abreviado, sale en dos. Eso no asusta a nadie en el Cordón.
El problema de fondo es que el Viejo sigue en Piñero dando órdenes como si fuera una oficina. ¿Para qué sirve condenar a la madre si la cabeza sigue operando?
Yo vivo a diez cuadras del barrio Copello y les juro que esto era vox populi hace años. Todo el mundo sabía lo que pasaba en esa casa. La pregunta es por qué tardaron tanto.
Lo del colectivo de los penitenciarios fue una locura. Que un tipo desde la cárcel pueda ordenar algo así y que casi maten a alguien... eso es el Estado fallando en todos los niveles.
Me pregunto qué pensará esa mujer ahora. Criaste a tu hijo, lo quisiste, y terminaste siendo parte de su banda. Qué historia triste, aunque no la justifica para nada.
Triste nada. Sabía lo que hacía. Administraba búnkeres, coordinaba las bocas. No es que no se enteraba, era parte activa. Que cumpla la condena.
Lo del Rondó Bar con la pistola trabada fue de película. Imaginate estar tomando algo y que aparezcan dos en moto a matarte. Por suerte el arma falló, pero el terror que vivieron esos clientes no se borra.
Estos tipos mandan mensajes con carteles después de balearte. Es narco-terrorismo, llámenlo por su nombre. No es 'narcomenudeo', es una organización que le declara la guerra al Estado.
El fiscal Caron viene trabajando bien estas causas del Cordón. No es fácil armar una investigación así con estructura familiar donde todos se cubren. Hay que reconocerlo.
Y mientras tanto el Viejo sigue en Piñero recibiendo visitas. Alguien me explica cómo es que puede seguir comunicándose con el afuera si está en un pabellón de alto perfil? Algo no cierra.
Gisella, porque los pabellones de alto perfil en Argentina son un chiste. Restricciones de papel. Mientras no haya aislamiento real y control de comunicaciones serio, van a seguir manejando bandas desde adentro.
Ojalá que con esta condena y las que vienen se termine de desmantelar esta red. Los vecinos del Cordón merecen vivir tranquilos. Ya es suficiente.