Lo que encontraron en esas nueve localidades santafesinas no era lo que esperaban. Damián Verzeñassi, director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR, lo dice sin rodeos: el dato que más los sorprendió fue el salto en las pérdidas gestacionales. No era una hipótesis de trabajo. Era lo que los números mostraban.
El estudio, del que Verzeñassi es uno de los autores, analizó la evolución de los abortos espontáneos y del hipotiroidismo en comunidades del interior santafesino rodeadas por cultivos extensivos, esos paisajes de soja y maíz que definen buena parte del mapa productivo de la provincia. La pregunta de fondo era la de siempre, la que incomoda: ¿qué le hace a la salud de la gente vivir en el corazón del modelo agropecuario argentino?
La investigación no nació de la nada. El Instituto de Salud Socioambiental lleva años relevando lo que en la jerga académica se llama "campamentos sanitarios": equipos de estudiantes y docentes que van a los pueblos, hablan con los vecinos, cruzan datos clínicos con datos ambientales. Es trabajo de hormiga, lejos del laboratorio, cerca de la gente. Y en ese trabajo de campo fue donde empezaron a aparecer señales que después la estadística confirmó.
"El salto de las pérdidas gestacionales fue el dato que más nos sorprendió", declaró Verzeñassi en diálogo con La Capital. La frase es técnica pero su peso es enorme: estamos hablando de embarazos que no llegan a término, de familias que pierden hijos antes de nacer, en comunidades que conviven cotidianamente con la aplicación de plaguicidas. El vínculo causal no está probado de manera definitiva —la ciencia no funciona así—, pero la correlación es lo suficientemente llamativa como para que nadie pueda mirar para otro lado.
El hipotiroidismo es la otra cara del estudio. Esta condición, que afecta el funcionamiento de la glándula tiroides, tiene una relación documentada en la literatura científica internacional con la exposición a ciertos disruptores endocrinos presentes en herbicidas y pesticidas. Que aparezca con mayor frecuencia en estas localidades santafesinas no es un dato menor. La tiroides regula el metabolismo, el desarrollo fetal, el sistema inmune. Cuando falla, las consecuencias se sienten en todo el organismo.
¿Cuántas veces más hay que encontrar este tipo de correlaciones antes de que se tomen decisiones concretas? Es la pregunta que flota sobre este debate desde hace décadas en Argentina, un país donde el modelo sojero es también un modelo político y económico con defensores poderosos. Verzeñassi lo sabe y lo dice: reflexionó sobre el debate abierto en torno a los posibles impactos sanitarios de la exposición a agroquímicos, un debate que en Santa Fe tiene historia, tensión y, muchas veces, silencio institucional.
Las nueve localidades analizadas no fueron elegidas al azar. Son comunidades pequeñas, del interior profundo de la provincia, donde los campos de cultivo extensivo llegan hasta el límite del ejido urbano. Donde los chicos juegan cerca de los lotes fumigados. Donde el olor a herbicida en época de siembra es parte del paisaje cotidiano. Son los pueblos que la Argentina productiva necesita pero que el debate público suele ignorar.
El estudio de la UNR no es el primero en señalar estos problemas, pero suma evidencia a un cuerpo de investigación que crece y que cada vez es más difícil de desestimar. La comunidad científica, los organismos de salud pública y los gobiernos provinciales tienen ahora más datos sobre la mesa. Lo que hagan con ellos es, como siempre, una decisión política.

Comentarios (12)
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Vivo en un pueblo del sur de Santa Fe y esto no es novedad para nosotros. Acá todo el mundo sabe que algo pasa, pero nadie quiere decirlo en voz alta porque la economía del pueblo depende del campo. Gracias a estos investigadores por poner los números sobre la mesa.
Y dale con los agroquímicos. Yo tengo 300 hectáreas y aplico todo según protocolo, con habilitaciones, con distancias. No somos los villanos que pintan. Que muestren los datos completos antes de arruinar la imagen de todo un sector.
Nadie dijo que todos los productores son villanos. Pero que hay un problema de salud en los pueblos rodeados de campos, los números lo dicen. Podés aplicar 'según protocolo' y aun así el protocolo puede estar mal diseñado.
Lo de las pérdidas gestacionales es devastador. Mi hermana perdió dos embarazos viviendo en Chabás. Siempre nos preguntamos por qué. Ojalá este estudio abra algo.
Soy bioquímica y quiero aclarar algo: correlación no es causalidad. El estudio es valioso como señal de alarma, pero antes de afirmar que los agroquímicos CAUSAN abortos espontáneos hay que hacer estudios de exposición individual, controlar variables de confusión, etc. La ciencia es un proceso.
Sí, y mientras hacen todos esos estudios la gente sigue perdiendo embarazos. En algún momento hay que actuar con precaución aunque no esté todo probado al 100%.
Totalmente de acuerdo con el principio precautorio. Solo digo que hay que comunicar bien la ciencia para no generar pánico innecesario ni tampoco minimizar. El estudio de Verzeñassi es serio, merece difusión y también debate riguroso.
Qué bueno que la UNR investiga esto. Ojalá el gobierno provincial tome nota en vez de mirar para otro lado como siempre.
Verzeñassi lleva años diciendo lo mismo y nadie lo escucha. Ahora tienen un estudio con datos duros. A ver si esta vez hay alguna respuesta oficial.
Che, y los estudios que dicen que no hay relación? Esos no los publican. Solo los que van en contra del campo tienen difusión mediática.
Lo triste es que estos pueblos son los que producen la riqueza del país y son los que menos protección tienen. Doble injusticia.
El hipotiroidismo en mi familia es moneda corriente y vivimos a 2 km de campos de soja. Siempre lo relacioné pero me decían que era genético. Ahora me quedo pensando.