Hay historias que el centro de Rosario rara vez escucha. La de Cristian Romero, conocido en la escena del hip hop local como Warrior, es una de ellas. Creció en el barrio Toba, pertenece a la comunidad Qom y durante buena parte de su adolescencia transitó la calle, el consumo de drogas y lo que él mismo llama «malas juntas». Hasta que apareció el rap y, con él, una posibilidad concreta de cambiar de vida.
«La música me salvó, porque yo era un pibe que habitaba en la calle, drogándome, con malas juntas y esas cosas. Después conocí el hip hop y hoy puedo decir que me salvó», contó Warrior con una claridad que no deja margen para el eufemismo. El cambio fue tan profundo que lo describe como un renacimiento: «Cuando conocí el rap conocí la vida nuevamente, volví a nacer».
Su historia no es la de un talento descubierto de casualidad, sino la de alguien que encontró en la cultura hip hop una herramienta de supervivencia. Hoy, ese mismo pibe que rapeaba en las plazas del barrio tiene salida laboral gracias al rap y al programa Resuena, una iniciativa que acompaña a artistas de sectores populares en su desarrollo musical y profesional. «Hoy en día puedo decir que tengo salida laboral gracias al rap y gracias a Resuena», afirmó.
El barrio Toba, ubicado en la zona de Rouillón y Aborígenes Argentinos, en el noroeste de Rosario, es el territorio desde el que Warrior construye su arte. Allí, los lunes y jueves, se reúne en una plaza con otros jóvenes para rapear y compartir música. No es un ensayo ni un show: es un espacio de encuentro, de comunidad, de resistencia cotidiana.
Junto a otros artistas del barrio integra BT Crew, una agrupación que nació en esa misma esquina y que usa el rap para hablar de identidad, desigualdad, violencia y vida cotidiana. «Nosotros contamos vivencias de lo que es el barrio, nuestro barrio en sí y todos los barrios bajos de la ciudad de Rosario», explicó. Una de sus canciones más representativas es «Somos Pueblo», donde la experiencia de la comunidad Qom se convierte en letra y ritmo.
El recorrido escolar de Warrior quedó inconcluso: no terminó el secundario porque a los 18 años formó su propia familia y decidió dedicarse a ella. Pero la música estuvo presente desde mucho antes, aunque con interrupciones. Se acercó al hip hop siendo muy chico, lo dejó durante un tiempo y regresó años después a través del freestyle, ese formato de improvisación que es, en sí mismo, una escuela de vida.
Detrás de los logros, sin embargo, aparecen las marcas del camino. Warrior habla sin filtros de la desconfianza que lo rodeó: «Prácticamente, no me tenía fe. Gente tampoco me tuvo fe y hoy en día estoy logrando muchas cosas a base de esto». Y agrega algo que pesa más que cualquier estadística: «He perdido gente por estar en malas juntas, tanto amigos como seres queridos. Que yo zafara de ese camino fue como que ya estaba predestinado para esto».
Entre esas pérdidas, una golpea especialmente fuerte. Hace poco murió su hermano, que también estaba vinculado a BT Crew y había diseñado el logo de la primera remera del grupo. «Él se nos fue, no sabemos el porqué, pero nos dejó algo que es su legado y nosotros lo seguimos», dijo Warrior, con la voz de quien carga un dolor y lo transforma en razón para continuar.
Desde ese lugar de pérdida y de superación, Warrior deja un mensaje para quienes hoy atraviesan lo que él vivió: «No bajen los brazos. La vida es dura, a veces golpea duro. La intención siempre está en seguir adelante, seguir tu sueño y por lo menos intentarlo, para no irte con las manos vacías sin haberlo intentado».
La calle, aclara, no es un lugar que romantiza. «Es dura la calle porque no sabés con qué tipo de gente te podés encontrar. Es dura la sociedad», dice. Pero también es el lugar desde donde construyó todo lo que tiene. Hoy, la música convive con él en cada rincón de su vida: «La música para mí es mi vida completamente. Si no tengo música no puedo hacer nada. Hasta para hacer el aseo de la casa pongo un poco de rap».
La historia de Warrior es, en definitiva, la historia de muchos pibes de los barrios populares de Rosario que necesitan una oportunidad, un espacio, una herramienta. El rap, en su caso, fue todo eso junto.

Comentarios (13)
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Qué historia tan poderosa. Estos son los pibes que la sociedad descarta y después resulta que tienen más para dar que muchos. El rap como herramienta de inclusión debería estar en todas las escuelas de los barrios.
Conozco el barrio Toba, es duro de verdad. Que este pibe haya salido adelante así es un ejemplo. Ojalá más jóvenes del barrio lo vean y se animen.
Muy buena nota, pero me pregunto cuántos Warrior hay que no tienen la suerte de encontrar un programa como Resuena. El Estado tiene que llegar antes, no esperar que el pibe ya esté en la calle.
Hermosa historia, me emocionó lo de su hermano. Que lo siga recordando a través de la música es lo más lindo que puede hacer.
Y sí, muy lindo el rap y todo eso, pero el problema de fondo es la pobreza y la falta de oportunidades. Con una nota de color no se cambia nada.
¿Una nota de color? Estás leyendo mal. Esta nota habla de desigualdad, de comunidades originarias, de pibes que perdieron amigos. No es color, es realidad.
No te calentés, dije que la historia está buena. Lo que digo es que mientras no haya políticas reales de fondo, estos casos son la excepción, no la regla. Eso es todo.
Soy docente en un barrio parecido al Toba y te digo que el arte en general, no solo el rap, hace cosas que nosotros a veces no podemos hacer en el aula. Hay que invertir más en cultura en los barrios.
lo conozco a warrior de vista, es un capo. siempre con buena onda en el barrio. merecia que le hagan una nota
Me parece bien visibilizar estas historias, pero también hay que preguntarse por qué un pibe tiene que llegar a vivir en la calle antes de que alguien lo ayude. El sistema falla mucho antes.
Exactamente lo que decís vos, Luciana. El rap salvó a Warrior, pero ¿cuántos no llegan a ese punto de quiebre? Ahí está el debate real.
Escuché «Somos Pueblo» el año pasado en un evento y me voló la cabeza. No sabía toda esta historia detrás. Ahora lo voy a escuchar con otros oídos.
Ojalá el municipio apoye más a estos artistas. Resuena está bien pero necesita más presupuesto y más llegada a los barrios del norte y oeste de Rosario.