El 7,9% de desocupación que publicó el INDEC esta semana no es el piso del problema laboral argentino: podría ser apenas la punta del iceberg. Eso es lo que surge de cruzar los datos oficiales del segundo trimestre de 2026 con un informe del CEPA (Centro de Economía Política Argentina) que cuestiona de raíz la metodología con la que se mide el empleo en el país.
La cifra oficial ya es de por sí preocupante: 1,73 millones de argentinos sin trabajo, con una suba de 0,3 puntos porcentuales respecto al mismo período de 2025 y de 0,1 puntos frente al primer trimestre de este año. Es el nivel más alto desde 2021, cuando la economía todavía arrastraba el impacto de la pandemia. Pero el CEPA va más lejos y plantea que ese número, lejos de reflejar la realidad, la maquilla.
El problema está en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), el instrumento que usa el INDEC para medir el empleo. Según esa metodología, se considera ocupada a cualquier persona que haya trabajado al menos una hora durante la semana de referencia. En un contexto de economía industrial, ese criterio tenía cierta lógica. En la era del capitalismo de plataformas, se convierte en una trampa estadística.
¿Por qué? Porque un repartidor de Rappi o PedidosYa que hizo dos entregas en la semana, o un conductor de Uber o Cabify que salió un par de horas, queda clasificado como ocupado o subocupado, nunca como desempleado. El sistema no distingue entre un trabajo estable con cobertura social y un rebusque esporádico sin ningún tipo de protección.
El informe del CEPA señala que el 13% de los trabajadores de plataformas realiza jornadas de entre 0 y 24 horas semanales. Son personas que, en la práctica, no tienen empleo genuino pero que estadísticamente engrosan la columna de los ocupados. Lo que el relato oficial presenta como el florecimiento de la «independencia laboral» es, en los términos del propio estudio, una «subordinación algorítmica»: una relación de dependencia encubierta que libera a las empresas de plataforma de cualquier responsabilidad como empleadores.
El resultado es una distorsión sistemática de los indicadores. La tasa de desocupación pierde representatividad como termómetro del mercado laboral porque una porción creciente de la Población Económicamente Activa queda atrapada en una zona gris: no son desempleados según la estadística, pero tampoco tienen empleo de calidad, estabilidad ni derechos laborales. Lo que se oculta, concluye el CEPA, es un proceso profundo de precarización y flexibilización laboral que los números oficiales no capturan.
Este debate no es nuevo en el mundo. Organismos como la OIT (Organización Internacional del Trabajo) llevan años discutiendo cómo adaptar las métricas de empleo a la economía de plataformas, que desafía las categorías tradicionales de empleado y autónomo. Argentina, sin embargo, sigue midiendo con los mismos criterios de siempre mientras el mercado laboral se transforma a velocidad acelerada.
El contexto macroeconómico agrava el cuadro. El ajuste fiscal del gobierno nacional redujo el empleo público, y el sector privado formal no absorbió ese desplazamiento. Muchos de los que perdieron su trabajo en el Estado o en empresas reguladas migraron hacia las plataformas como única salida disponible. Eso infla artificialmente el universo de los «ocupados» mientras la calidad del empleo se deteriora.
La pregunta que queda flotando es incómoda: si el 7,9% oficial ya es el dato más alto en cinco años, ¿cuánto más alto sería el número real si la metodología reflejara la verdadera situación del mercado laboral argentino?

Comentarios (15)
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El dato del 7,9% ya es malo de por sí, pero si encima está maquillado por los deliverys es peor todavía. Cuántos pibes conozco que 'trabajan' en Rappi porque no encuentran otra cosa y ni siquiera les alcanza para el mes.
Y esto es con el ajuste de Milei que 'genera empleo privado'. Ajá. El empleo privado que generan son repartidores en bici sin obra social.
Esperen, esperen. El CEPA es un think tank kirchnerista, no es un organismo neutral. Que cuestionen la metodología del INDEC justo cuando el gobierno no es el suyo es bastante conveniente, ¿no? Cuando el desempleo bajaba con Cristina nadie cuestionaba la EPH.
Martín, el problema metodológico que describe el CEPA existe independientemente de quién gobierne. La OIT lo viene discutiendo hace años. Que lo use políticamente no significa que el argumento sea falso.
igual el cepa siempre dice lo mismo, que todo esta mal, que los numeros son peores... cuando gobernaba el kirchnerismo tambien habia plataformas y no decian nada jajaja
Mi hijo perdió el trabajo en una empresa en marzo y ahora hace Uber. Para el INDEC está 'ocupado'. Para mí está desesperado.
Lo de la subordinación algorítmica es exactamente lo que vivo. Rappi te dice cuándo trabajar, cuánto cobrar, te penaliza si no aceptás pedidos... ¿eso es ser independiente? Por favor.
Che, pero también hay que decir que muchos eligen las plataformas porque les da flexibilidad. No todos son víctimas. Yo conozco gente que prefiere el delivery a tener un jefe encima ocho horas.
Gustavo, elegir entre la miseria y la miseria no es libertad. Si hubiera empleos formales disponibles, ¿cuántos 'elegirían' el delivery?
7,9% y subiendo. Y Caputo sale a decir que la economía se recupera. Alguien le explique que los números no mienten, aunque los relatos sí.
Igual hay que ser justos: el desempleo venía subiendo desde antes de Milei también. No es todo culpa de este gobierno. El problema estructural del mercado laboral argentino viene de décadas.
En Rosario se nota muchísimo. Cada vez más chicos en bici con la mochila de delivery. Eso no es empleo, es supervivencia.
Lo que me parece importante del artículo es que el problema metodológico no es invento de nadie: la OIT lo reconoce a nivel global. Argentina tiene que actualizar cómo mide el empleo si quiere tener datos que sirvan para tomar decisiones de política pública.
1,73 millones de personas. No son un número, son familias. Eso es lo que habría que recordar cada vez que se habla de 'equilibrio fiscal'.