El pasaje Simeoni vuelve a estar en el mapa del centro rosarino con una idea que suena a promesa: recuperar su identidad gastronómica y su vida nocturna.
La transformación se apoya en tres piezas: la renovación de la Plaza de la Cooperación, dos desarrollos inmobiliarios con locales comerciales en planta baja y la posibilidad de recuperar el histórico edificio de Berlín.
Durante décadas, la cortada fue uno de los rincones más particulares del centro rosarino. Ahí se mezclaban mesas, bares, música, tránsito y una noche que parecía no terminar. Hoy, la pregunta no es si el lugar puede cambiar, sino si ese cambio va a devolverle el carácter que lo hizo famoso.
La renovación de la plaza no es un detalle menor. Es el punto de partida para ordenar el espacio público, mejorar la circulación y darle al pasaje una cara más amigable para quienes se sienten a comer, tomar algo o simplemente pasar. Sin ese gesto, cualquier proyecto gastronómico corre el riesgo de quedarse en el papel.
Los dos desarrollos inmobiliarios con locales comerciales en planta baja son la otra cara de la moneda. Pueden sumar movimiento, consumo y nuevas propuestas, pero también pueden transformar el pasaje en un corredor más de negocios. La diferencia estará en qué tipo de locales se instalen, a qué precio se fijen y si el proyecto deja espacio para la identidad del lugar.
El edificio de Berlín, por su parte, aparece como la pieza más sensible. Recuperarlo no es solo una obra: es un gesto de memoria. Si se logra, el pasaje Simeoni tendría un ancla histórica que le daría peso a la idea de paseo. Si no, la transformación podría quedar incompleta, con buena intención pero sin alma.
La palabra clave es gastronómico. No se trata de llenar el pasaje de locales iguales, sino de armar una oferta que combine identidad, calidad y vida de barrio. La clave estará en que el público vuelva y el espacio conserve su carácter.
El desafío no es menor. Un pasaje histórico no se reinventa con un cartel ni con una obra rápida. Se reinventa con tiempo, con gestión y con una idea clara de lo que se quiere conservar. Si el proyecto avanza bien, Simeoni puede volver a ser un destino. Si se improvisa, puede perder lo que lo hizo especial.
La señal que deja esta etapa es clara: el pasaje se piensa como parte de la vida nocturna del centro de Rosario. Simeoni no es solo un pasaje: es una postal. Y lo que se decida puede definir si esa postal vuelve a tener color, ruido y gente.
Con información de: La Capital, fuente de la nota.

Comentarios (10)
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Ojalá no terminen con otro pasaje genérico. Simeoni tenía algo que no se copia con un cartel.
Y si la plaza se renueva bien, puede ser un buen punto de partida. El problema es que siempre se prometen y después se improvisa.
No todo es promesa. Si se recupera el edificio Berlín, el pasaje tendría una identidad que otros no tienen.
Me parece bien que piensen en un paseo gastronómico, pero hay que cuidar la vida nocturna que lo hacía especial.
Exacto. Si se vuelve solo un lugar para comer y listo, pierde el carácter.
La renovación de la Plaza de la Cooperación puede ordenar mucho el tránsito y la circulación.
Ojo con los desarrollos inmobiliarios: pueden traer movimiento, pero también pueden cambiar la escala del pasaje.
Buena observación. Lo importante es que no se convierta en un corredor comercial más.
Simeoni merece una segunda oportunidad, pero con gestión y no con improvisación.