La plaza 25 de Mayo de Rosario fue escenario este viernes de un reclamo que partió el corazón de quienes lo presenciaron. Familiares, amigas y militantes sociales formaron una ronda alrededor de la imagen de Camila Vecchiarello, la joven rosarina y aspirante a gendarme que fue asesinada en la provincia de San Juan, en lo que la justicia ya investiga como un femicidio.
La convocatoria reunió a personas de distintos ámbitos bajo un único pedido: justicia por Camila. La calma que rodeó al grupo no ocultó el dolor profundo de quienes la conocieron y de quienes, sin haberla conocido, entienden que su historia es la de miles de mujeres en Argentina.
Esta semana, la causa dio un paso clave: Carlos Riveros, esposo de Camila y principal sospechoso del crimen, fue imputado por homicidio doblemente agravado, tanto por el vínculo conyugal como por mediar violencia de género. La figura jurídica, contemplada en el Código Penal argentino, refleja la gravedad de los femicidios cometidos por parejas o exparejas, que representan la mayoría de los casos registrados en el país.
Camila era rosarina y había viajado a San Juan en el marco de su proceso para ingresar a la Gendarmería Nacional. Tenía un proyecto de vida, una vocación de servicio, y una historia que quedó trunca de la manera más brutal. Su muerte sacudió a su comunidad de origen y encendió una vez más el debate sobre la violencia machista que sigue cobrando vidas en todo el territorio nacional.
La plaza 25 de Mayo, ubicada en el corazón del macrocentro rosarino frente a la Casa de Gobierno provincial, es históricamente el punto de encuentro de los reclamos ciudadanos más sentidos. Esta noche, su nombre volvió a resonar en las voces de quienes no están dispuestos a que el caso de Camila quede en el olvido.
En Argentina, según datos del Observatorio de Femicidios en Argentina «Adriana Marisel Zambrano», se registra en promedio un femicidio cada 29 horas. La mayoría de los casos son perpetrados por personas del entorno íntimo de la víctima, lo que convierte al hogar en el lugar más peligroso para muchas mujeres. El caso de Camila Vecchiarello se inscribe, dolorosamente, en esa estadística.
La imputación de Riveros es un primer paso, pero las personas que se congregaron esta noche en Rosario saben que el camino hacia la justicia puede ser largo. Exigen que la causa avance con celeridad, que no haya impunidad y que el nombre de Camila no sea uno más en una lista que no debería existir.

Comentarios (12)
Deja tu comentario
Me enteré por una amiga y vine directo a la plaza. No podía quedarme en casa sabiendo lo que le hicieron a esta chica. Justicia por Camila, ya.
Quería ser gendarme, tenía un proyecto de vida, y la mató el que se suponía que la tenía que cuidar. No hay palabras.
Ojalá la justicia actúe rápido y no se caiga la causa por algún tecnicismo. Ya vimos demasiadas veces cómo estos tipos terminan libres.
Un femicidio cada 29 horas en este país. ¿Cuándo vamos a reaccionar de verdad como sociedad? No alcanza con ir a la plaza una vez.
Ir a la plaza es el primer paso, no el único. Hay que sostener el reclamo, acompañar a la familia y exigir que el juicio sea rápido y ejemplar.
Che, con todo respeto, ¿no habría que esperar que la justicia investigue antes de condenar al marido? Digo, que sea culpable no significa que no tenga que haber un proceso.
¿En serio salís con eso ahora? La imputaron con pruebas suficientes para llegar a esta instancia. No es condena, es imputación. Informate antes de opinar.
Justamente eso dije, que tiene que haber proceso. No sé por qué me atacás si estamos diciendo lo mismo.
Camila tenía sueños, tenía futuro. Que descanse en paz y que su familia encuentre algo de consuelo en la justicia.
Cada vez que pasa algo así me pregunto qué estamos haciendo mal como sociedad. La educación, la crianza, el machismo estructural... esto no se resuelve solo con cárcel.
El problema es que siempre nos juntamos después. Necesitamos políticas de prevención, no solo de reacción.
Fui a la plaza y el ambiente era muy emotivo. Mucha gente joven, muchas chicas. Da esperanza ver que no están solas.