Lo que pasó el martes en La Siberia no es fácil de procesar. Un hombre de 66 años, en situación de calle, moviéndose con muletas, murió aplastado por la rueda trasera de un colectivo de la línea 102. Y el chofer que lo atropelló duerme esta noche en su casa.
Este viernes, en el Centro de Justicia Penal de Rosario, la fiscal Valeria Piazza Iglesias imputó a A. G., de 28 años, por el delito de homicidio culposo en accidente de tránsito agravado por darse a la fuga. La acusación es grave. La fiscal pidió prisión preventiva efectiva. Sin embargo, el juez Rodrigo Santana rechazó ese pedido y dispuso medidas cautelares no privativas de la libertad.
El imputado deberá presentarse semanalmente ante la Oficina de Gestión Judicial, tiene prohibido conducir por seis meses y no puede salir de la provincia de Santa Fe. Eso es todo. Para alguien acusado de matar a una persona y abandonarla en la calle, la pregunta cae sola: ¿alcanza?
El episodio ocurrió el martes 28 de julio, alrededor de las 20 horas, en la dársena del complejo universitario La Siberia, sobre Beruti entre Riobamba y La Paz, en el barrio República de la Sexta. Según la Fiscalía, el conductor inició una maniobra de marcha atrás sin verificar por los espejos retrovisores que el camino estuviera libre. La rueda trasera izquierda del colectivo embistió a José Francisco Melgar Deublando, un ciudadano uruguayo que se desplazaba con muletas y que vivía en la calle.
Las lesiones fueron devastadoras. Melgar Deublando fue trasladado de urgencia al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA), donde los médicos debieron amputarle la pierna izquierda. No resistió. Horas más tarde murió como consecuencia de las heridas.
Lo que agrava el cuadro no es solo el accidente. Es lo que vino después. La Fiscalía sostiene que el chofer abandonó el lugar sin asistir a la víctima. Que fue anoticiado del siniestro poco después de ocurrido y aun así no se presentó ante las autoridades. Recién al día siguiente, cerca de las 15 horas del miércoles, se acercó a la Comisaría 2ª de Rosario. Casi veinte horas después.
Ese detalle es el que convierte esto en algo más que una distracción al volante. Un hombre muere aplastado, el conductor se va, y vuelve al día siguiente cuando ya no hay forma de hacer nada por la víctima. Eso tiene nombre en el Código Penal, y la fiscal lo usó: homicidio culposo agravado por darse a la fuga.
El juez Santana admitió la calificación legal pero consideró que no había mérito suficiente para la prisión preventiva. En términos jurídicos, la decisión puede tener sustento: el imputado no tiene antecedentes conocidos, se presentó voluntariamente —aunque tarde— y no representa un peligro de fuga inminente según el criterio del magistrado. Pero en términos humanos, la imagen es difícil de digerir.
José Francisco Melgar Deublando tenía 66 años, era uruguayo, vivía en la calle y se movía con muletas. Era, en la cruda jerarquía social, una de las personas más vulnerables que podés encontrar en una vereda rosarina. Murió solo, aplastado, en una dársena de colectivos. Y el hombre que lo atropelló y se fue está en libertad.
Habrá un proceso judicial. Habrá una sentencia, en algún momento. Pero mientras tanto, vale preguntarse cuántos José Francisco hay en Rosario durmiendo en la calle esta noche, a merced de cualquier cosa. Y si alguien, más allá de la Justicia, tiene algo que decir al respecto.

Comentarios (15)
Deja tu comentario
Un hombre de 66 años con muletas, viviendo en la calle, muere aplastado por un colectivo y el chofer se va. Y encima queda libre. No sé qué más tiene que pasar en este país para que la Justicia reaccione.
La prisión preventiva no es un castigo anticipado, tiene requisitos legales. Si el tipo no tiene antecedentes y se presentó voluntariamente, el juez aplicó la ley correctamente. Eso no significa que no vaya a ser condenado.
¿Voluntariamente? Se presentó 20 horas después, cuando ya no había nada que hacer. Eso no es voluntario, es estratégico.
Puede ser que hayas tenido razón en eso, no lo niego. Pero jurídicamente la fuga como agravante ya está contemplada en la imputación. El proceso sigue, esto no terminó acá.
Lo que me parte el alma es que era uruguayo, estaba solo, en situación de calle, con muletas. No tenía a nadie. Y murió así, en una dársena de colectivos. Que alguien piense en eso.
Manejo un colectivo hace 12 años. Las dársenas son un caos, hay puntos ciegos reales en la marcha atrás. No digo que no fue culpa del chofer, pero tampoco es tan simple como lo pintan.
Punto ciego o no, si atropellás a alguien y te vas sin llamar a la ambulancia, eso no tiene justificación. Ninguna.
En eso te doy la razón. Irse sin asistirlo es imperdonable. Solo digo que el accidente en sí puede haber sido involuntario.
El problema de fondo es que hay gente durmiendo en dársenas de colectivos porque no tiene otro lugar. Eso también es una falla del Estado, y nadie habla de eso.
Totalmente de acuerdo Sergio. La nota lo dice al final y es lo más importante: cuántos José Francisco hay esta noche en la calle en Rosario? Nadie responde esa pregunta.
Seis meses sin manejar y presentarse una vez por semana. Eso es todo. Impresionante.
Espero que el proceso judicial llegue a una condena real. Esta gente tiene que entender que manejar un transporte público es una responsabilidad enorme. No podés hacer una marcha atrás sin mirar.
Y la empresa de la línea 102, ¿no tiene ninguna responsabilidad? ¿Nadie les pregunta nada a ellos?
Buena pregunta. Las empresas de colectivos siempre zafan. El chofer es el que queda expuesto y la empresa lava las manos.
Que en paz descanse el señor Melgar Deublando. 66 años, solo, en tierra extraña. Me duele en el alma.