El IPC de junio 2026 volvió a convertirse en el dato más buscado de la semana en toda Argentina. Y no es casualidad: después de años de inglaterra-arranca-otro-las-paritarias-santafesinas-este.html" class="auto-link">inflación desbocada heredada del kirchnerismo, cada número que publica el INDEC se transforma en un veredicto sobre el rumbo económico del país. En Rosario, como en el resto del país, la gente quiere saber si el esfuerzo del ajuste está dando resultados concretos en su cartera.
Hay que decirlo sin vueltas: la inflación es la herencia más tóxica que dejó el ciclo populista que gobernó Argentina durante gran parte de las últimas dos décadas. Déficit fiscal financiado con emisión, controles de precios que distorsionaban todo y un Estado que gastaba lo que no tenía. El resultado fue una economía que llegó a registrar índices mensuales de dos dígitos. Ese es el punto de partida real, no el que inventan los nostálgicos del modelo.
Lo que el gobierno de La Libertad Avanza viene haciendo es exactamente lo contrario: equilibrio fiscal, eliminación de subsidios distorsivos, desregulación y apertura. La lógica es simple y contundente —aunque duela en el corto plazo—: sin déficit no hay emisión, sin emisión no hay inflación. Los datos de los últimos meses venían mostrando una tendencia descendente sostenida, algo que ningún gobierno kirchnerista pudo exhibir con honestidad.
En Rosario y la región santafesina, el impacto de la inflación se siente de manera particular. La ciudad es un nodo comercial, agroindustrial y de servicios de primer orden. Los comerciantes del Mercado del Abasto, los almaceneros de los barrios, los dueños de pymes que exportan a través del Puerto de Rosario: todos miran el IPC porque de ese número dependen sus costos, sus márgenes y sus decisiones de inversión. Una inflación que baja es, en términos concretos, previsibilidad para el sector privado.
El problema histórico de Argentina es que cada vez que la inflación empezaba a ceder, algún gobierno populista volvía a abrir la canilla del gasto. Por eso el dato de junio 2026 no es solo un número: es una señal de si la disciplina fiscal se sostiene o si hay presiones políticas que empiezan a torcer el rumbo. Los mercados lo saben. Los exportadores sojeros del sur santafesino lo saben. Y los trabajadores que ven cómo su salario real recupera poder adquisitivo, también.
Mientras los dirigentes de la casta política tradicional salen a cuestionar el ajuste con el mismo manual de siempre —más gasto, más emisión, más Estado—, los números van hablando solos. La inflación no se combate con controles ni con relatos: se combate con orden. Y eso, después de décadas, parece estar pasando. El IPC de junio 2026 dirá cuánto camino se recorrió y cuánto falta. Pero la dirección, por primera vez en mucho tiempo, parece ser la correcta.
Comentarios (4)
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Ojalá el número confirme la baja. Acá en el Mercado del Abasto los precios siguen altos pero al menos ya no suben como locos cada semana. Algo está cambiando.
Yo soy jubilada y sigo sin llegar a fin de mes. Me tienen harta con los números del INDEC, quiero ver la plata en el bolsillo.
Cuarenta años de populismo destruyeron este país. Que la gente tenga paciencia, esto no se arregla en un año. Victoria tiene razón en lo que escribe.
Muy claro el artículo. Lo que más necesita Rosario es previsibilidad para que las pymes puedan planificar. Sin inflación no hay inversión posible.