Lo que pasó este miércoles en los tribunales de Rosario no es poca cosa: la Cámara de Apelaciones en lo Penal confirmó, por mayoría, las condenas al exfiscal regional Patricio Serjal y al exempleado judicial Nelson Ugolini. El fallo cierra —al menos en esta instancia— uno de los capítulos más oscuros de la justicia santafesina en los últimos años.
La causa que los hundió no fue menor. La investigación logró desmantelar una asociación ilícita que operaba desde adentro del sistema judicial: le daba cobertura al juego clandestino en la ciudad y, a cambio, cobraba sobornos al empresario del rubro Leonardo Peiti. Dicho de otro modo: quienes debían perseguir el delito estaban en el negocio.
Serjal no era un fiscal de barrio. Como fiscal regional de Rosario, tenía bajo su órbita la supervisión de las investigaciones penales en una de las ciudades con mayor conflictividad del país. Que alguien en ese rol haya usado su posición para blindar una red ilegal de juego es, cuanto menos, una traición institucional de primer orden.
El fallo de la Cámara, dictado por mayoría, indica que no hubo unanimidad entre los jueces. Ese detalle no es menor: significa que algún integrante del tribunal tuvo reparos, ya sea sobre la calificación legal, la pena o algún aspecto procesal. Sin embargo, la mayoría fue suficiente para sostener lo que la primera instancia ya había establecido.
¿Cuánto daño hizo esta red mientras estuvo activa? Esa es la pregunta que sigue flotando. Porque una asociación ilícita con un fiscal regional adentro no solo protege el juego clandestino: también puede frenar investigaciones, desviar causas, y generar un manto de impunidad que va mucho más allá del negocio puntual que la originó.
El caso Serjal se convirtió con el tiempo en un símbolo de la corrupción enquistada en el sistema judicial santafesino, y su condena —ahora confirmada— es una señal, aunque tardía, de que las instituciones pueden funcionar. El problema es que para que funcionen, primero tuvo que romperse todo.
Ugolini, el exempleado judicial condenado junto a Serjal, representa la otra cara de la trama: la de los engranajes menores que hacen posible que una red así se sostenga en el tiempo. Sin esos eslabones intermedios, el esquema no cierra.
La confirmación de la condena no cierra el debate sobre el estado de la justicia en Santa Fe. Al contrario, lo reabre. Porque si una asociación ilícita pudo operar desde adentro del Ministerio Público de la Acusación durante el tiempo que lo hizo, la pregunta obligada es cuántas otras estructuras similares siguen activas, sin que nadie las haya tocado todavía.

Comentarios (13)
Deja tu comentario
Por fin algo de justicia en este país. Tardó años pero llegó. Ahora a ver si la condena se cumple de verdad o termina en probation o algún beneficio.
¿Y los que lo cubrieron a Serjal todos estos años? ¿Esos no van presos? Porque este tipo no laburaba solo.
Fiscal regional nada menos. O sea, el que tenía que perseguir el delito era el que estaba adentro del negocio. Eso resume perfectamente el estado de la justicia santafesina.
Che, el fallo fue por mayoría, no por unanimidad. Eso significa que algún juez no estuvo de acuerdo. Ojalá no haya recurso y esto quede firme de una vez.
Claro que va a haber recurso. Estos tipos tienen los mejores abogados del país. No van a aflojar así nomás.
Hay que reconocer que la investigación funcionó. No es fácil meter preso a un fiscal regional. Algo se está moviendo en la justicia de Santa Fe.
¿Funcionando? Tardaron años en confirmar una condena que era obvia desde el primer día. Eso no es que funciona, es que sobrevive de milagro.
Lo del juego clandestino en Rosario es un tema que viene de hace décadas. Serjal es la punta del iceberg nomás. Hay mucho más debajo.
Y Peiti, el empresario que pagaba los sobornos, ¿cómo quedó en todo esto? Porque en estas causas siempre el que paga la coima sale mejor parado que el que la cobra.
Pregunta genuina: ¿cuántos años de condena le dieron? La nota no lo dice y es el dato más importante.
Exacto, falta ese dato clave. Porque no es lo mismo 3 años que 10. Y con el juego clandestino y la corrupción judicial de por medio, espero que no sea una pena en suspenso.
Esto debería ser tapa de todos los diarios. Un fiscal regional condenado por proteger el juego ilegal es una noticia enorme. Pero acá ya nos acostumbramos a todo.
Nos acostumbramos porque pasa seguido, eso es lo triste. Cada tanto cae uno y hay diez más haciendo lo mismo.