Mil días. Ese es el tiempo que lleva Javier Milei en la Casa Rosada, y el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) decidió hacer las cuentas. El resultado, para los que esperaban buenas noticias, no es alentador: salarios que no recuperaron lo perdido, jubilaciones licuadas, industria que no despega y una informalidad laboral que sigue creciendo. Los números están ahí, y no los puso la oposición: los midió el propio mercado.
El informe del CEPA analizó la evolución de los ingresos, el empleo, el consumo, el crédito, la inversión y la producción a lo largo de los primeros 1.000 días de gestión. La conclusión es contundente: "El deterioro de los ingresos, el consumo y el empleo conviven con una inversión que no logra consolidarse y con una producción industrial que permanece por debajo de los niveles previos".
¿Cómo llegamos hasta acá? El primer golpe vino con el salto cambiario del 118% que Milei aplicó al arrancar su gestión. Esa devaluación brutal disparó la inflación y pulverizó los salarios. El punto más bajo se tocó en marzo de 2024. Después vino una recuperación parcial, que duró hasta noviembre de ese año, cuando los sueldos se estancaron. Pero la historia no terminó ahí.
Desde agosto de 2025, se abrió una nueva etapa de deterioro. El IPC trepó del 1,5% mensual en mayo de 2025 al 3,4% en marzo de 2026, superando la capacidad de recomposición salarial. En junio de 2026, último dato disponible, los salarios registrados del sector privado subieron apenas 1,9% nominal, exactamente lo mismo que la inflación del mes. Es decir: cero recuperación real. Y todavía están 3,6% por debajo del nivel de noviembre de 2023.
El sector público nacional muestra una foto aún más cruda. Los salarios estatales acumulan una caída real de 16,5% respecto de noviembre de 2023. Y si se toma el sector público en su conjunto, el retroceso llega al 37%. En junio hubo una leve mejora del 1,5% real, pero el CEPA aclara que eso se explica en buena parte por el aumento extraordinario del personal docente universitario, no por una mejora generalizada.
En conjunto, los salarios registrados —públicos y privados— acumulan una caída de 8,2% en términos reales desde que Milei asumió. Y si se ajusta por la canasta de consumo real de los hogares argentinos —la que el INDEC no aplicó por decisión del Ministerio de Economía—, la pérdida sube al 18,5%. Un dato que debería incomodar a cualquier funcionario que salga a hablar de recuperación.
Pero el número que más duele es el del Salario Mínimo, Vital y Móvil: perdió el 40,8% de su poder adquisitivo entre noviembre de 2023 y septiembre de 2026. Para volver al nivel promedio de 2023, habría que subirlo en $271.315. Eso no es un ajuste: es un abismo.
Y después están los jubilados. El bono para quienes cobran la mínima lleva congelado en $70.000 desde marzo de 2024. Para mantener su valor real, en septiembre de 2026 debería ser de $223.148. La diferencia la pagan los jubilados con el bolsillo. La pérdida acumulada roza el 20% en términos reales. Son personas que trabajaron toda su vida y hoy ven cómo el Estado les licúa lo poco que tienen.
El cuadro se completa con una industria que no logra recuperar los niveles previos a diciembre de 2023, una inversión que no termina de consolidarse y un mercado laboral donde la informalidad y la destrucción de puestos de trabajo registrados siguen siendo tendencia. ¿Cuánto más hay que esperar para que el derrame llegue a los que menos tienen?
El gobierno de Milei tiene sus defensores, y algunos indicadores macroeconómicos —como la baja de la inflación respecto al pico de 2024 o el superávit fiscal— son reales. Pero los números del CEPA muestran que esa estabilización tiene un costo que se está pagando en los hogares, en los comercios y en las fábricas. El equilibrio de las cuentas públicas no se discute: se discute quién lo está financiando. Y la respuesta, por ahora, son los trabajadores, los jubilados y la industria nacional.
Con información de: El Ciudadano Web

Comentarios (15)
Deja tu comentario
Mi marido trabaja en una metalúrgica de Rosario hace 22 años y este año le aumentaron menos que la inflación por tercera vez seguida. Estos números no me sorprenden, los vivo en casa todos los meses.
Y antes con Massa teníamos 211% de inflación anual. ¿Eso era mejor? El ajuste duele pero era necesario, no había otra salida. Paren de llorar y miren el déficit que dejaron.
Nadie dijo que antes estaba bien. Pero 'el ajuste era necesario' lo pagan los jubilados con $70.000 de bono congelado, no los funcionarios que cobran en dólares.
Los jubilados también se benefician de una inflación que bajó del 25% mensual. ¿O eso no cuenta? El CEPA es el think tank del kirchnerismo, no es una fuente neutral.
Tengo 71 años y cobro la mínima. Con el bono congelado en $70.000 desde hace más de dos años no llego a fin de mes. No es política, es realidad. Que alguien me explique cómo vivo con eso.
Igual hay que reconocer que la inflación bajó bastante. El problema es que los sueldos no subieron al mismo ritmo. Ahí está el nudo del asunto.
1000 días y la industria sigue por debajo de donde estaba. ¿Cuándo llega el famoso derrame? Pregunto para un amigo que cerró su taller en Rosario en marzo.
Lo que me parece grave es lo del INDEC y la canasta de consumo. Si el gobierno decidió no aplicar la estructura de consumo real de los hogares, eso significa que la inflación oficial está subestimada. Y si la inflación está subestimada, la pérdida salarial real es mayor que la que se publica. Eso es manipulación estadística, se llame como se llame.
Che Sebastián, eso que decís es importante pero hay que ser cuidadoso. El cambio de canasta es un debate técnico que viene de antes. No es tan simple como decir que lo hicieron para mentir.
Kirchnerismo o no, el salario mínimo perdió 40% en menos de 3 años. Eso no lo discute nadie. Es un dato.
Trabajo en el sector público provincial y el 0,1% de mejora real que menciona el artículo para los salarios provinciales en junio es una burla. Llevamos años perdiendo contra la inflación.
Y mientras tanto los diputados se aumentaron el sueldo tres veces. Che, ¿eso también era 'necesario'?
Hay que ver qué pasa en los próximos meses. Si la inflación se estabiliza en torno al 2% y los salarios empiezan a ganarle, el panorama cambia. Por ahora los números son malos, sí, pero el proceso no terminó.
Mi vieja jubilada llora cada vez que va al super. No es un número en un informe, es una persona real. Basta de hablar de 'procesos' cuando hay gente que no come bien.