La economía argentina ya entró en modo electoral, y los mercados lo saben. Con el riesgo país nuevamente en torno a los 500 puntos y la campaña de cara a 2027 instalándose antes de tiempo en la agenda pública, los inversores empezaron a mirar con lupa el escenario político. No es un dato menor: en la Argentina, cuando la política entra por la puerta, la macro suele salir por la ventana.
El especialista en mercados Matías Battista lo planteó con claridad en diálogo con el stream de economía de El Ciudadano: "Sabemos que cuando entramos en modo político, la cosa se complica". Su diagnóstico es que el proceso electoral puede condicionar las decisiones de los inversores y abrir un período de mayor volatilidad, incluso antes de que la campaña formal tome intensidad real.
El punto de partida es el recorrido reciente del riesgo país. El gobierno de Javier Milei había logrado reducirlo cerca de 400 puntos luego de un acercamiento con los mercados que Battista describió con una imagen elocuente: "El gobierno logró fumar la pipa de la paz con el mercado". Ese giro ocurrió cuando la administración nacional abandonó su postura inicial de que no necesitaba acumular reservas, reconoció el error y comenzó a recomponer las tenencias del Banco Central. Un cambio de diagnóstico que los mercados premiaron.
Sin embargo, ese crédito se está erosionando. Para Battista, el mercado empezó a prestar mayor atención a la actividad económica, no por vocación microeconómica, sino porque la falta de repunte genera una señal de alarma política: si la economía no tracciona, las chances electorales del oficialismo se complican. Y si las chances electorales se complican, el programa económico —construido sobre la promesa del superávit fiscal como garantía de pago de deuda— queda en el aire.
En ese contexto, Battista anticipó que la llamada "cobertura electoral" podría comenzar a aparecer antes de lo esperado. "Probablemente se produzca el año que viene, pero puede que lentamente hacia fines de este año se dé un escenario de venta de activos argentinos y cobertura", señaló. En términos concretos: los inversores empezarían a dolarizarse o a reducir exposición a activos locales como precaución ante una eventual derrota del Gobierno.
El argumento central del oficialismo frente a este escenario es conocido: Milei o el abismo. La narrativa sostiene que solo su gobierno garantiza el equilibrio fiscal necesario para cumplir con los compromisos de deuda, y que cualquier alternativa —léase peronismo— implica un retorno al desorden macroeconómico. Es una construcción política que tiene lógica interna, pero que según Battista puede volverse un boomerang.
"Esta idea que instaló el gobierno nacional de que si viene el peronismo es el abismo, es comprarse un problema", advirtió el especialista. El razonamiento es simple: si el mercado internaliza que la única alternativa al oficialismo es el caos, entonces cualquier señal de debilidad electoral de Milei se convierte automáticamente en una señal de alarma sistémica. La narrativa del abismo, paradójicamente, amplifica la volatilidad que pretende conjurar.
Battista matizó el riesgo opositor: no lo descarta, pero lo encuadra de manera diferente al oficialismo. "El riesgo de la mano del peronismo está en que tiene otras prioridades que no son la agenda de Milei", explicó. Un eventual gobierno peronista no necesariamente implicaría un colapso inmediato, pero sí un cambio de prioridades que alejaría la agenda pro mercado —desregulaciones, equilibrio fiscal, apertura— que hoy sostiene la confianza inversora.
El cuadro que emerge es el de una economía que todavía no terminó de estabilizarse y que ya enfrenta la presión adicional del ciclo político. El superávit fiscal, logro que el Gobierno exhibe como su principal credencial, es real pero frágil en un contexto de actividad estancada. Y la campaña, aunque formalmente lejana, ya está operando sobre las expectativas. En la Argentina, los mercados no esperan al día de la elección para tomar decisiones. Esa es, quizás, la lección más cara de la historia económica reciente.
Con información de: El Ciudadano

Comentarios (15)
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El análisis de Battista es correcto pero incompleto. El problema no es solo la narrativa del 'abismo', es que la actividad no repunta y eso le pega directo a la imagen de Milei. Sin recuperación real, el superávit se vuelve políticamente insostenible.
Che, el riesgo país en 500 puntos lo heredaron de los K en 2800. Un poco de memoria no vendría mal antes de llorar.
Que el mercado empiece a cubrirse ante una posible derrota de Milei dice todo. Ni ellos mismos confían en que va a ganar. Y mientras tanto nosotros pagamos el ajuste.
Fernanda, ¿y preferís que gane el kirchnerismo y volvamos a los cepos, la inflación del 200% y las reservas en negativo? Pregunto.
Tano, nadie dijo eso. Hay vida entre Milei y el kirchnerismo, aunque a vos te cueste verlo. El problema es que el Gobierno instaló exactamente esa trampa binaria para que no puedas pensar otra cosa.
Lo que dice Battista sobre el 'abismo' es clave. Si el mercado cree que sin Milei todo explota, cualquier encuesta mala va a generar corrida. El Gobierno se metió solo en esa trampa.
Superávit fiscal real por primera vez en décadas y la gente sigue quejándose. ¿Saben lo que costó llegar a esto? ¿Cuántos años de déficit crónico pagamos entre todos?
Patricia, el superávit lo hicieron ajustando jubilaciones y obra pública. No es un logro, es una transferencia de costos a los más vulnerables. Llamen las cosas por su nombre.
La cobertura electoral que describe el artículo ya la vi en 2015 y en 2019. Argentina repite los mismos ciclos. Lo único que cambia es el nombre del que ajusta.
500 puntos de riesgo país y dicen que la economía va bien jajaja. Sigan.
LaFlaca, 500 puntos vs 2800 que dejaron los K. Matemática básica. Igual entiendo que los números no son lo tuyo.
El análisis está bien pero le falta mencionar que el tipo de cambio también empieza a tensionarse cuando el mercado entra en modo cobertura. Eso es lo que más le preocupa a la gente común, no el riesgo país.
Lo que más me llama la atención es que el propio especialista dice que la narrativa del abismo puede ser contraproducente. O sea, el Gobierno está generando el problema que dice querer evitar. Irónico.
igual que gane quien gane siempre terminamos pagando nosotros. cansado ya
Battista tiene razón en algo: el peronismo no es el abismo automáticamente, pero sí tiene otras prioridades. El problema es que esas 'otras prioridades' históricamente se financiaron con emisión. Ahí está el riesgo real.