"Pagá la droga que debés o matamos a tu marido". El mensaje, escrito en un cartón y dejado frente a una escuela de Villa Gobernador Gálvez, no llegó solo: sus emisarios prendieron una fogata para que nadie pudiera ignorarlo. Era la segunda amenaza en días contra la misma mujer, Magalí Z., cuya vida quedó atrapada en el centro de una trama que mezcla narcotráfico, policías corruptos y una deuda de droga que alguien quiere cobrar a cualquier precio.
El hilo que conecta todo lleva al nombre de Pablo Jesús Mogianofski, de 29 años, vecino de Villa Gobernador Gálvez y pareja de Magalí. Está detenido desde el 9 de junio, cuando personal de Asuntos Internos lo aprehendió en avenida Belgrano al 2100, en Rosario, luego de una frenética huida. Horas antes, había visto cómo un grupo táctico irrumpía en su casa de Fornieles al 600: alcanzó a escapar al volante de una Fiat Fiorino de la panificadora de su padre, abandonó el vehículo y pidió ayuda a un conocido, Brian Cabrera, hoy preso por encubrimiento. En la planta alta del domicilio, los investigadores encontraron una pistola y 400 gramos de cocaína compactada, sin fraccionar. Esa droga, presume la fiscalía, está en el origen de las amenazas que hoy persiguen a su pareja.
Pero Mogianofski no es simplemente un sospechoso de narcotráfico. Su rol en esta historia es más oscuro: era el chofer de un operativo ilegal montado por dos empleados policiales, Romina Galbán (39) y Jonathan Rothar (33), que habían pasado por la División Microtráfico de la PDI. Los tres tenían orden de detención por un episodio ocurrido el 19 de mayo de 2025 que el fiscal José Luis Caterina calificó sin eufemismos: una mejicaneada.
Esa madrugada, Galbán, Rothar y un tercer agente llegaron en un Ford Focus —que manejaba Mogianofski, según la imputación— a la casa de un hombre de apellido Carmelé, en Paulo VI al 900, en Villa Gobernador Gálvez. Esperaron el momento preciso: cuando la mujer de Carmelé volvía en moto de llevar a un hijo a la escuela, la interceptaron a punta de pistola con la excusa de un allanamiento. Los policías llevaban pasamontañas y gorros de la Policía de Santa Fe. Carmelé se despertó encañonado.
"Si tenés droga, es momento de arreglar ahora", le dijeron, exhibiendo órdenes de allanamiento supuestamente emanadas de un juzgado federal. Carmelé, hombre con experiencia en el trato con la policía, tardó poco en entender que era víctima de una extorsión. La confirmación llegó de boca de uno de los uniformados: "Vos sabés lo que yo hago acá, Carmelé. Esto es simple: vos no decís nada, vos no denunciás, yo no vuelvo". Antes de irse, embolsaron 3 millones de pesos en efectivo y mil dólares frente al dueño de casa, que permanecía precintado. La advertencia final fue escalofriante: "Si nos denunciás, el próximo allanamiento va a ser más grave".
Carmelé no se quedó quieto. Apenas se liberó de los precintos, subió a su Toyota Etios y salió a perseguir el Focus por varios kilómetros, chocando la parte trasera del auto en repetidas ocasiones e intentando que algún patrullero se sumara a la persecución. La respuesta desde el Focus fue un disparo: el proyectil quedó incrustado en el Etios y fue recuperado más tarde como evidencia. Recién entonces Carmelé desistió.
Para cubrir sus huellas, ese mismo día Mogianofski hizo una denuncia en la Comisaría 21ª afirmando que le habían robado el Focus esa madrugada en el Casino City. Galbán también participó en la construcción del relato falso. El intento de borrar las pistas no alcanzó: Asuntos Internos siguió el rastro hasta detener a Galbán y Rothar en Fornieles al 800, a apenas 200 metros de la casa de Mogianofski, el mismo día en que allanaron su domicilio.
El caso expone una vez más la cara más brutal de la corrupción policial: uniformados que usan el aparato del Estado —las órdenes de allanamiento, los pasamontañas, la autoridad institucional— como herramienta de extorsión contra vecinos, muchos de ellos también vinculados a actividades ilegales y que, precisamente por eso, son blancos fáciles. La trama de Villa Gobernador Gálvez muestra que la violencia narco y la violencia policial no siempre son fuerzas opuestas: a veces se retroalimentan, y son los barrios populares los que quedan en el medio.

Comentarios (13)
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Esto es lo que pasa cuando la policía no tiene control. Usaron las insignias del Estado para robar como delincuentes comunes. ¿Y después nos piden que confiemos en ellos?
Hay que ser justo: Asuntos Internos los agarró. Eso también es la policía funcionando. No todos son iguales.
Marcelo, los agarraron DESPUÉS de que robaron, dispararon y casi matan a alguien. El mérito es relativo, ¿no?
Pasamontañas, órdenes de allanamiento truchas, disparos... esto no es una película, es Villa Gálvez. Y las escuelas usadas de buzón narco. Hasta cuándo.
Igual el Carmelé tampoco es ningún santo según dice la nota. Gente con prontuario peleando contra policías corruptos. Bienvenidos al conurbano rosarino.
No importa si Carmelé tiene prontuario o no. Nadie merece que entren a su casa con pasamontañas a robarle delante de sus hijos. Eso es terrorismo de Estado.
"Si nos denunciás, el próximo allanamiento va a ser más grave". Eso es una amenaza de manual. ¿Cuántos vecinos habrán callado antes que este?
Esto pasa en todos lados, no es solo Villa Gálvez. La diferencia es que acá salió a la luz. Cuántos casos así quedan en la nada porque la víctima tiene miedo de hablar.
Lo que me llama la atención es que el tipo salió a perseguirlos en el Etios chocándolos. Eso también es una locura. Suerte que no terminó peor.
Y las amenazas en las escuelas... los pibes que van ahí no tienen nada que ver con nada. Que usen una escuela para dejar mensajes narco es lo más bajo que hay.
400 gramos de cocaína compactada en la casa y encima la mujer recibe amenazas de muerte. Esa familia estaba metida hasta el cuello. Igual las amenazas en las escuelas son inadmisibles.
El fiscal Caterina viene trabajando bien estos casos de corrupción policial. Ojalá esto llegue a juicio y no se caiga como tantas otras causas.
Que hayan pasado por la División Microtráfico es lo más preocupante. Esos son los que supuestamente combaten el narcotráfico. Kafkiano.