La cultura popular argentina perdió este lunes a uno de sus pensadores más consecuentes: Norberto Galasso falleció a los 90 años, dejando un vacío que difícilmente pueda llenarse en el campo del pensamiento nacional y la historiografía crítica. Contador egresado de la UBA que eligió la historia como destino, Galasso fue durante décadas mucho más que un académico: fue un militante de las ideas, un maestro de trinchera que recorrió el país con su bolsito al hombro y sin más retribución que la satisfacción del debate.
Su obra es, por donde se la mire, monumental. Las biografías que dedicó a figuras como San Martín, Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan Domingo Perón, Eva Perón, John William Cooke y Felipe Varela se convirtieron en materiales de consulta obligada para quienes buscan entender las contradicciones profundas de la formación nacional argentina, lejos del relato liberal y aséptico de la historia oficial. En esa tarea, Galasso reconocía abiertamente la deuda con sus maestros: Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche, los grandes heresiarcas del revisionismo popular del siglo XX.
Pero si hay algo que distinguió a Galasso del intelectual encerrado en su biblioteca fue precisamente su vocación territorial. En los años noventa, en pleno apogeo del menemismo y el neoliberalismo, cuando el pensamiento nacional parecía una reliquia incómoda, era habitual verlo llegar a Rosario con su infaltable bolsito, dispuesto a sentarse con un puñado de jóvenes en algún local sindical o centro estudiantil para recorrer juntos la historia que la escuela oficial prefería ignorar. No cobraba cachet. No pedía hotel cinco estrellas. Venía a discutir.
El diputado nacional Eduardo Toniolli, que lo conoció en esos años formativos, lo recordó con emoción: «A la edad de 90 años, ha partido de este mundo el compañero Norberto Galasso. Lo conocimos en los '90, cuando —bolsito en mano y sin más retribución que la satisfacción del deber cumplido— venía a Rosario a reunirse con un puñado de pibes, para recorrer juntos la huella que habían dejado otros hombres y mujeres del pensamiento nacional». Esa imagen, la del intelectual que camina la ciudad y da charlas en sindicatos y locales militantes, define mejor que cualquier currículum lo que Galasso representó para una generación que intentaba reconstruir su identidad en tiempos de desguace del Estado.
Su metodología nunca fue la de la academia cerrada. Galasso entendía la historia como herramienta de transformación social, no como ornamento de salón. La historia al servicio de la liberación: esa fue su brújula durante más de seis décadas de producción intelectual y militancia. Una coherencia que, en el mundo político argentino, resulta casi una rareza.
La muerte de Galasso cierra una época. Junto a otros referentes del pensamiento nacional que ya no están, su partida deja al campo popular sin uno de sus últimos grandes divulgadores de la primera línea. Pero su legado bibliográfico —decenas de libros, ensayos y artículos— y sobre todo su ética de trabajo, su generosidad intelectual sin poses ni pedanterías, seguirán siendo referencia ineludible para quienes continúen transitando la huella de la soberanía y la justicia social en la Argentina.
Tenía 90 años. Hasta el final, fue fiel a lo que predicó.

Comentarios (14)
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Lo escuché hablar en el sindicato de docentes en el 97 o 98. Un tipo que te explicaba la historia argentina como si fuera una novela de suspenso. Descanse en paz, maestro.
Grande Galasso. De los pocos que laburaron toda la vida por las ideas sin pedir nada a cambio. Eso ya no se consigue.
Respeto su trayectoria pero hay que decirlo: era un historiador con una mirada muy sesgada, apologética del peronismo. La historia necesita más rigor y menos militancia.
Sesgada decís vos? Y la historia liberal que nos enseñaron en la escuela no era sesgada? Al menos Galasso lo decía de frente, no se escondía detrás de una supuesta objetividad que no existe.
No dije que la historia liberal es objetiva, dije que él era apologético. Son dos cosas distintas. Pero bueno, acá cualquier crítica es ataque.
Mi viejo tenía todos sus libros. El de Belgrano y el de Jauretche los leí de chica. Hoy entiendo por qué me los recomendaba tanto. Gracias por todo, Norberto.
Toniolli lo despidió con mucho cariño y está bien. Pero me pregunto si los que lo citan hoy en las redes leyeron aunque sea uno de sus libros o solo lo usan para la foto.
jajaja exacto, mañana nadie se acuerda. política argentina pura.
Qué pérdida enorme. A los 90 años y hasta el final coherente con sus ideas. Eso es lo que más admiro de él: nunca se vendió, nunca buscó un cargo, nunca negoció sus convicciones.
Lo vi una vez en una charla en la Facultad de Humanidades. Llegó solo, con su bolsito, sin asistentes ni nada. Se sentó, habló dos horas y se fue. Así de simple y así de grande.
Me parece bien recordarlo pero también hay que ser honestos: su visión de Perón era casi hagiográfica. Un historiador serio tiene que poder criticar también a sus propios referentes.
Fernanda, Galasso no era un historiador académico en el sentido clásico, era un divulgador militante y lo decía él mismo. Criticarlo por eso es como criticar a un abogado defensor por no ser imparcial.
Se va una generación de intelectuales que entendían que las ideas sirven para algo más que para hacer carrera universitaria. Hoy eso escasea mucho.
90 años y activo hasta el final. Ojalá todos pudiéramos dejar aunque sea una décima parte de lo que dejó él.