Pampa Energía comunicó al sindicato petroquímico que cerrará su planta de caucho sintético ubicada en Puerto General San Martín, en el cordón industrial al norte de Rosario. La decisión pone en riesgo más de 140 puestos de trabajo directos y encendió las alarmas en un sector que ya venía golpeado por cierres sucesivos en la industria química y petroquímica nacional.
Lo que se cierra no es una planta más: era la única instalación activa de caucho sintético en todo el país y, históricamente, la primera en operar en Sudamérica. El complejo perteneció originalmente a la ex PASA Petroquímica y hace una semana ya había parado su producción. Ahora la empresa confirmó que el cese será definitivo.
El secretario general del Soepu (Sindicato de Obreros y Empleados Petroquímicos Unidos), Mauricio Brizuela, confirmó que la notificación llegó este martes durante una reunión convocada por la propia empresa. «Nos pidieron una reunión y nos informaron que cesaban la producción. Hace dos años sufrimos el cierre de la planta de Dow. Esta es una situación similar», describió el dirigente, trazando un paralelismo con otro golpe reciente al sector.
El argumento de Pampa Energía es que «no hay mercado local para el caucho». Y esa afirmación tiene un nombre propio detrás: el cierre de Fate, la histórica fábrica argentina de neumáticos, que era uno de los principales compradores del insumo producido en Puerto San Martín. Sin ese cliente ancla, la cadena productiva se rompe. Brizuela lo sintetizó con claridad: «Fate era uno de los mayores compradores de Argentina». Un cierre arrastra al otro.
Frente a la decisión empresaria, el sindicato rechazó de plano la propuesta de retiros voluntarios que planteó la compañía para evitar el costo de los despidos formales. «Quieren acordar con los compañeros retiros voluntarios para evitar el costo de los despidos. Acá de voluntario no hay nada. Los trabajadores tienen mucha antigüedad», cuestionó Brizuela. Y fue contundente respecto a las medidas de fuerza: «Cuando haya un telegrama de despido, vamos a parar la planta». La empresa ya desvinculó a personal contratado fuera de convenio, lo que indica que el proceso está en marcha.
El secretario gremial Rodrigo Jordana puso el foco en el impacto humano del cierre. «Tenemos muchos compañeros con problemas de salud. Perder este trabajo es tremendo. Es casi imposible para algunos reinsertarse en otro trabajo», advirtió. Y amplió la mirada hacia el tejido económico local: «Los compañeros dejan su sueldo en la zona», recordando que el efecto multiplicador de estos empleos industriales se siente en el comercio y los servicios de toda la región.
El timing del anuncio no pasó desapercibido. Pampa Energía comunicó el cierre de la planta santafesina apenas un día después de anunciar una inversión multimillonaria para construir una planta de urea en Bahía Blanca, orientada a abastecer la demanda vinculada al desarrollo de Vaca Muerta y el sector agroindustrial. La lógica empresaria es clara: concentrar recursos en los sectores con mayor rentabilidad y retiro estratégico de los que no la tienen. Desde una perspectiva de eficiencia de mercado, la decisión tiene coherencia interna; el problema es el costo social que deja atrás.
La empresa controlada por Marcelo Mindlin, Gustavo Mariani, Damián Mindlin y Ricardo Torres —con participación del fondo estadounidense BlackRock— es uno de los actores más relevantes del sector energético argentino: controla el 12% de la generación eléctrica nacional, el 85% de la transmisión eléctrica y el 60% del transporte de gas natural del país. Su apuesta está claramente puesta en la energía y los hidrocarburos, no en la industria petroquímica de valor agregado.
El cierre en Puerto General San Martín es, en definitiva, el síntoma de una tensión estructural que atraviesa a la economía argentina: la reconversión hacia sectores extractivos y de servicios avanza, mientras las cadenas industriales de mayor complejidad —y mayor empleo por unidad de producción— se van desarmando eslabón por eslabón.

Comentarios (15)
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Esto es una vergüenza. La única planta de caucho sintético del país y la cierran así, de un día para el otro. ¿Dónde está el Estado para proteger la industria nacional?
Y sí, si Fate cerró, ¿a quién le vendían el caucho? La cadena se rompió. No es capricho de Pampa, es lógica de mercado pura.
¿'Lógica de mercado'? Muy fácil decirlo cuando no sos vos el que pierde el trabajo después de 20 años en la planta.
Mi marido trabaja ahí. Tiene 52 años y problemas de columna. ¿Dónde va a conseguir otro trabajo? Esto no es un número en una planilla, son familias reales.
Pampa anuncia una inversión millonaria en Bahía Blanca y al día siguiente cierra la planta acá. Eso se llama tener prioridades claras. Lástima que las prioridades no incluyen a los trabajadores del norte rosarino.
Seamos honestos: si no hay mercado para el producto, mantener la planta abierta artificialmente con subsidios o presión sindical solo patea el problema para adelante. El tema de fondo es por qué cerró Fate.
Exacto Quiroga, pero el problema es que Fate cerró porque no puede competir con neumáticos importados que entran a precios dumping. Ahí sí hay una política de Estado que falla.
El problema no es Pampa, el problema es que Argentina no tiene política industrial. Cada empresa hace lo que le conviene y nadie mira el conjunto. Así no se construye nada.
Primera planta de caucho sintético de Sudamérica, y la dejamos caer. Qué orgullo industrial el nuestro. Seguimos así y en 10 años importamos hasta los clavos.
El sindicato tiene razón en una cosa: retiro 'voluntario' cuando te quedás sin trabajo no es voluntario. Es una trampa legal para que la empresa se ahorre la indemnización.
Pampa tiene el 85% de la transmisión eléctrica del país. Ese nivel de concentración en sectores estratégicos debería preocupar más que el cierre de una planta que perdía plata.
BlackRock adentro, trabajadores afuera. El modelo en una foto.
Me parece bien que Pampa invierta en Vaca Muerta y en urea, eso genera divisas y empleo también. Pero no entiendo por qué tiene que ser a costa de cerrar lo que ya existe. ¿No se puede hacer las dos cosas?
mi viejo trabajó 18 años en esa planta cuando era de PASA. dice que siempre fue una joya tecnológica. una pena lo que está pasando
140 familias sin ingreso en una zona donde no hay mucho más para trabajar. El impacto en los comercios del lugar va a ser brutal. Ojalá el municipio y la provincia hagan algo, aunque sea acompañar a los trabajadores.