La industria metalúrgica de Rosario y Santa Fe atraviesa uno de los momentos más críticos de los últimos años. Caída de la actividad, pérdida de rentabilidad, retroceso del empleo y ahora una nueva amenaza que los propios industriales describen con crudeza: la desaparición de sectores productivos completos, no de empresas aisladas ni de puestos de trabajo individuales, sino de cadenas enteras que tardaron décadas en construirse.
Desde la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Rosario (AIM), entidad que nuclea a cientos de pymes del cordón industrial del Gran Rosario, el diagnóstico es contundente. El Gobierno nacional de Javier Milei les pide que se reconviertan, que apunten sus capacidades productivas hacia sectores dinámicos como el petróleo, el gas y la minería. Pero las condiciones para hacer esa transición, dicen, están lejos de existir.
El primer frente de conflicto es fiscal. Las pymes metalúrgicas denuncian una persecución sistemática por parte de ARCA —la Agencia de Recaudación y Control Aduanero, ex AFIP— a través de embargos, judicializaciones y presión administrativa. «Nos dijeron que iban a cambiar las condiciones, nos piden reconvertirnos pero a los que estamos tributando hace 60 años nos siguen poniendo la misma carga impositiva de siempre. Somos el país con mayor carga fiscal de la región», señalaron desde la entidad.
La contradicción que señalan los industriales es difícil de ignorar: el mismo gobierno que impulsó sucesivos regímenes de blanqueo e inocencia fiscal para quienes evadieron durante años, y cuyo presidente llegó a ponderar públicamente a los evasores como «héroes», aplica a través de su organismo recaudador una presión creciente sobre las pequeñas unidades productivas que nunca dejaron de pagar. La paradoja es brutal para quienes llevan décadas en blanco.
El segundo frente es geográfico. La promesa oficial de que las pymes metalúrgicas santafesinas pueden abastecer a Vaca Muerta en Neuquén o a los proyectos mineros de San Juan choca con una realidad que los propios industriales vivieron en carne propia. «Vos vas allá, te reciben pero no es que entrás. Hay empresas de allá que están esperando y una estructura sindical que defiende lo suyo», describieron quienes hicieron el viaje. El mercado que el Gobierno presenta como la gran oportunidad representa, según AIM, apenas el 5% de la industria metalúrgica santafesina.
A eso se suma un problema estructural que los industriales definen como una paradoja argentina: «Tenemos una Argentina abierta al mundo pero cerrada entre nosotros». San Juan sancionó una legislación propia que, según denuncian, está por encima del propio RIGI —el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones— y protege a sus proveedores locales por sobre los de otras provincias. Una Argentina que negocia tratados de libre comercio con el mundo pero no puede garantizar libre circulación de bienes y servicios entre sus propias provincias.
El tercer frente, quizás el más preocupante, es el de la canibalización interna. La búsqueda desesperada de nuevos nichos está generando una competencia feroz entre las propias empresas del sector. «Nos estamos matando entre nosotros. Muchas veces competimos con nuestros propios clientes, hay casos de clientes que dejaron de comprarle al industrial y ahora lo fabrican ellos, hasta se trabaja de manera artesanal», reconocieron desde AIM.
Pero el riesgo mayor, el que más preocupa a los dirigentes de la entidad, no son los números de despidos ni los cierres individuales. Es algo más profundo y más difícil de revertir: la pérdida de sectores completos. El ejemplo que citan es elocuente: lo que pasó con la industria de bicicletas en Villa Gobernador Gálvez, localidad del sur del Gran Rosario que supo ser un polo nacional del rubro y que vio desaparecer esa capacidad productiva de manera irreversible. Cuando se va un sector, no vuelve. El know-how se dispersa, las máquinas se venden, los trabajadores especializados se reconvierten o emigran.
«El problema más grande es cuando se pierden sectores completos», advirtieron desde AIM, en una frase que resume el estado de ánimo de una industria que siente que el tiempo se acorta y que las señales que llegan desde Buenos Aires no alcanzan para sostener lo que Santa Fe construyó durante décadas.

Comentarios (15)
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Llevo 30 años con mi taller en el Parque Industrial de Rosario. Lo que dice la AIM es exactamente lo que vivimos todos los días. ARCA te manda una intimación por cualquier cosa y tenés que gastar en contador y abogado para defenderte. Mientras tanto el que nunca pagó nada blanqueó y quedó limpio. Es una locura.
Y encima te piden que vayas a Neuquén a vender... ¿con qué plata hacés el viaje, pagás el hotel, mandás muestras? Las pymes no tienen ese capital de trabajo. Es fácil decirlo desde un ministerio en Buenos Aires.
Entiendo la queja pero también hay que ser honestos: parte de la industria metalúrgica vivió décadas de proteccionismo y subsidios. En algún momento hay que adaptarse al mercado real.
¿Adaptarse al mercado real? Marcela, el mercado real en Argentina es que el Estado te ahoga con impuestos y después te dice que compitas con Brasil. No es tan simple.
No digo que sea simple, digo que no se puede pedir protección eterna tampoco. Hay que buscar el equilibrio.
Lo de Villa Gobernador Gálvez con las bicicletas es un ejemplo perfecto. Mi viejo trabajó ahí. Cuando se fue ese sector no volvió más. Ahora dicen que puede pasar lo mismo con la metalurgia y nadie hace nada.
Pullaro debería meter presión en esto. Si hay barreras de otras provincias para que las pymes santafesinas no puedan vender, eso es un problema federal que la provincia tiene que llevar a la mesa.
Trabajo en el sector y confirmo lo de la canibalización. Estamos compitiendo con nuestros propios clientes. Uno que te compraba tornería ahora compró un torno chino y te hace la competencia. Es un círculo vicioso que destruye el tejido productivo.
Siempre la misma historia, los empresarios llorando. Paguen bien a sus empleados primero y después hablen de presión fiscal.
Con todo respeto, en las pymes metalúrgicas los sueldos están en blanco y se paga todo. El problema no es la voluntad, es que la ecuación no cierra. Cuando cerrás, los empleados pierden el trabajo. No hay villanos acá.
Lo que más me preocupa es la parte de San Juan con su ley propia por encima del RIGI. Eso es exactamente lo que pasa en Argentina: cada provincia hace lo suyo y el mercado interno queda fragmentado. Somos 24 países distintos.
Mi marido trabaja en una metalúrgica de Rosario hace 15 años. Hace 6 meses que está con miedo de quedarse sin trabajo. Esto no es un número, es una familia.
El dato del 5% es clave y nadie lo menciona. Si el mercado energético-minero representa solo el 5% de la metalurgia santafesina, la reconversión no puede ser LA solución. Es un complemento, no una salida. El Gobierno vende una ilusión.
Che, ¿y el sindicato metalúrgico qué dice? La nota menciona que coinciden con la AIM en que lo peor es perder sectores enteros. Eso es importante, cuando empresarios y gremio dicen lo mismo algo muy grave está pasando.