Las jubilaciones volvieron a dominar la agenda nacional y las búsquedas en Google Argentina superan las 200 consultas por minuto. No es casualidad: miles de jubilados en Rosario y Santa Fe están pendientes de cada movimiento del gobierno nacional en materia previsional, un sistema que heredó décadas de promesas incumplidas, parches kirchneristas y una inflación que licuó los haberes hasta niveles vergonzosos.
El gobierno de Javier Milei vetó la ley de movilidad jubilatoria que el Congreso intentó imponerle, una decisión que generó ruido político pero que tiene una lógica fiscal inapelable: Argentina no puede gastar lo que no tiene. El déficit previsional es uno de los más pesados del presupuesto nacional, y financiarlo con emisión monetaria fue exactamente la receta que destruyó el poder adquisitivo de los propios jubilados durante los gobiernos kirchneristas. La ironía es brutal: los mismos que dicen defender a los abuelos fueron quienes los empobrecieron sistemáticamente.
En Rosario, una ciudad con una proporción significativa de adultos mayores, el impacto es concreto y cotidiano. Los jubilados que cobran el haber mínimo enfrentan una ecuación imposible: remedios, alquiler, servicios y alimentos se llevan prácticamente la totalidad del ingreso. Pero la solución no es imprimir más pesos ni crear nuevas fórmulas mágicas que el Estado después no puede financiar. La solución real pasa por bajar la inflación, que es exactamente lo que el programa económico libertario está logrando mes a mes.
El debate en el Congreso Nacional giró en torno a una fórmula de actualización que buscaba indexar los haberes por inflación pasada. El Ejecutivo argumentó, con razón, que eso comprometía el equilibrio fiscal que es la columna vertebral de la estabilización económica. Sin superávit no hay moneda sana, y sin moneda sana los jubilados seguirán perdiendo contra la inflación, guste o no escucharlo. La casta política prefiere el gesto fácil del aumento por decreto antes que el trabajo duro de ordenar las cuentas públicas.
Lo que muchos rosarinos no saben es que el sistema previsional argentino tiene una presión impositiva brutal sobre los trabajadores activos que lo financian. Cada empleado en blanco aporta una porción enorme de su salario a un sistema que, por décadas de mal manejo, no garantiza una vejez digna. La solución de largo plazo pasa por reformas estructurales profundas, no por parches electoralistas que agravan el problema.
Mientras el debate político continúa, en Rosario los jubilados siguen haciendo malabares. El camino es claro aunque incómodo: déficit cero, inflación en baja y reformas de fondo. Todo lo demás es demagogia con fecha de vencimiento.
Comentarios (4)
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Cobro la mínima y no me alcanza para los remedios. Que me hablen de equilibrio fiscal cuando yo no llego a fin de mes. Cuarenta años trabajé en blanco.
Tienen razón en una cosa: la inflación que nos metieron los K nos destruyó más que cualquier ajuste. Igual, algo hay que hacer ya, no podemos esperar años.
El veto fue lo correcto. Si aprobaban esa ley sin financiamiento, en seis meses estábamos de vuelta en la hiperinflación y los jubilados perdían el doble. La gente no entiende de economía básica.
Soy jubilada de Santa Fe y me parece una vergüenza que discutan números mientras nosotros elegimos entre comer o medicarnos. Esto no tiene color político, tiene cara de abandono.