Lo dijo sin anestesia y con la convicción de siempre. Javier Milei salió a defender la apertura de importaciones que impulsa su gobierno con una frase que ya recorre las redes y los pasillos de la industria nacional: según el presidente, Argentina básicamente solo produce dulce de leche, colectivos y biromes. Nada más.
La declaración la hizo en una entrevista en Radio Now, donde Milei recurrió a la comparación con Suiza para justificar su modelo. "Suiza es uno de los países más prósperos del mundo. ¿Qué produce Suiza? Turismo, relojes, chocolates, cortaplumas y servicios financieros. Y, bueno, ocasionalmente, un gran jugador de tenis", dijo el mandatario. El argumento era claro: si los suizos importan casi todo y les va bien, ¿por qué Argentina debería producir lo que puede comprar afuera?
Pero la analogía no tardó en generar rispideces. Porque Suiza tiene una economía de casi 900 mil millones de dólares, un ingreso per cápita entre los más altos del planeta, décadas de estabilidad institucional y una industria de precisión que exporta al mundo. Argentina, en cambio, tiene una industria manufacturera que da trabajo a cientos de miles de familias y que, según los datos más recientes, está en serios problemas.
Un informe titulado "Avalancha de Importaciones", elaborado por Anahí Rampinini y Lisandro Mondino para el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, describe un escenario que preocupa. En 2025 se registró un incremento récord en las cantidades de bienes importados, transversal a casi todos los sectores de la economía. Y no es solo que entran más productos: cambia la composición. Crecen especialmente las importaciones de los productos de menor precio, los que compiten directamente con la producción local más vulnerable.
Lo que el informe llama "sustitución inversa" es quizás el dato más duro: empresas que antes fabricaban en Argentina están reemplazando su propia producción nacional por producto importado, no porque quieran, sino como estrategia de supervivencia. Dicho de otro modo: la apertura no solo trae competencia, en muchos casos directamente reemplaza lo que se hacía acá.
"Los indicadores de actividad industrial y de consumo muestran niveles bajos y en descenso, por lo que el aumento de las importaciones refuerza una caída de la demanda para las empresas nacionales, cuyos consecuentes problemas se están empezando a evidenciar en quiebras y cierres de plantas de producción", advierte el relevamiento.
¿Cuántas plantas más tienen que cerrar para que la política cambie de rumbo? Esa es la pregunta que se hacen los trabajadores industriales, los sindicalistas y los empresarios pymes que ven cómo el modelo avanza mientras sus negocios se achican o directamente desaparecen.
Milei tiene una respuesta ideológica clara y la defiende con convicción: el libre comercio genera prosperidad, la protección industrial es un privilegio de pocos a costa de muchos. El debate es legítimo y tiene décadas de historia en la economía argentina. Pero reducir la capacidad productiva del país a dulce de leche y biromes no es solo una simplificación: es una señal política sobre cómo este gobierno mira —o decide no mirar— a la industria nacional.
La frase quedó. Y en las fábricas de Santa Fe, del Gran Rosario y de todo el país, la escucharon bien.

Comentarios (15)
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Trabajo en una metalúrgica en Rosario hace 22 años. Nunca pensé que iba a escuchar al presidente decir que no producimos nada. Acá hacemos piezas que van a toda Sudamérica. Esto es una falta de respeto a los trabajadores industriales.
Che, el tipo tiene razón en algo: la industria argentina estuvo protegida décadas y nunca fue competitiva. El problema es que la solución no puede ser abrir todo de golpe y que cierren las fábricas.
¡Por fin alguien lo dice! Cuántos años pagamos heladeras, autos y electrodomésticos el doble que en cualquier país del mundo para sostener industrias ineficientes. Bienvenidas las importaciones.
Fácil decirlo desde el sillón. Vení a decirle eso a los 40 compañeros que quedaron en la calle cuando cerró la planta de al lado el mes pasado.
Lo de Suiza es una comparación ridícula. Suiza tiene el ingreso per cápita más alto del mundo y una industria de relojería y farmacéutica de primer nivel mundial. Argentina no tiene nada comparable en ese sentido. Es como comparar peras con manzanas.
Y por qué no tenemos nada comparable? Justamente porque décadas de proteccionismo nos dejaron industrias que no pueden competir con nadie. Algo habrá que cambiar.
Cambiar sí, pero no de un día para el otro tirando abajo todo. Eso se llama shock y lo pagamos los de siempre. Hay formas graduales de abrir la economía sin destruir el empleo.
El dulce de leche al menos lo hacemos bien jajaja. Pero en serio, que el presidente diga eso me parece una declaración muy irresponsable. Las palabras de un jefe de Estado tienen peso.
Milei dice que no producimos nada y mientras tanto en el Gran Rosario hay parques industriales llenos de empresas que exportan. Alguien le debería mostrar un mapa.
Más allá de la frase polémica, el fondo del debate es importante. Argentina tiene que discutir seriamente qué industrias quiere sostener y cuáles no tienen futuro. Pero esa discusión requiere política industrial, no solo abrir importaciones y ver qué sobrevive.
Exactamente. El problema no es importar, el problema es no tener ninguna estrategia de qué vas a hacer con los que quedan afuera. Eso es lo que falta.
Mi marido trabaja en una fábrica de plásticos en Pérez y el mes pasado les avisaron que si sigue así cierran antes de fin de año. Esto no es un debate académico, es la vida de familias reales.
Che pero el tipo fue elegido con el 56% de los votos sabiendo exactamente lo que iba a hacer. No me vengan a llorar ahora.
Votar una idea no significa aceptar que te destruyan el trabajo sin ningún plan alternativo. Eso no es lo que nadie votó.
La comparación con Suiza es lo más bizarro que escuché en mucho tiempo. Suiza tiene el franco suizo, una de las monedas más fuertes del mundo, y nosotros acabamos de salir de un cepo cambiario. El contexto importa, presidente.