La semana pasada, en el tradicional restaurante Sunderland de Rosario, se reunió una mesa que vale la pena analizar con detenimiento. No era una cena de amigos: eran 12 comensales entre ejecutivos del sistema financiero, consultores políticos, operadores de comercio exterior, exfuncionarios provinciales y dirigentes del mutualismo santafesino. El clima afuera no invitaba a salir, pero adentro la conversación se puso caliente.
El menú político de la noche arrancó con lo previsible: en esa mesa, las preferencias por el peronismo eran minoría y el kirchnerismo prácticamente no tenía representantes. La candidatura de Axel Kicillof fue despachada con una frase lapidaria: "una opción por el abismo". El consenso apuntaba a una salida de centro, posiblemente encabezada por un outsider, que preservara la estabilidad macroeconómica del gobierno actual y le sumara una mirada más productivista y socialmente empática.
Pero entonces llegó el momento que cambió todo. Alguien propuso un ejercicio: cada comensal debía asignarle un porcentaje de probabilidad de triunfo a tres opciones —una de centro, el oficialismo con Milei, y el peronismo unido— con independencia de sus preferencias personales. El resultado fue una ducha fría para los presentes.
La opción de centro, la más preferida en esa mesa, recibió apenas un 15 por ciento de probabilidad de ganar. Y la gran sorpresa: en una compulsa ajustada, la alternativa que los propios comensales vieron con más chances de imponerse fue la del peronismo unido. Las mismas personas que descartaban a Kicillof como opción veían al peronismo como el favorito electoral. La contradicción quedó flotando sobre los platos.
No es un dato menor. Este tipo de percepción ya se había registrado en foros empresariales de peso: el congreso de Aapresid, el precoloquio de IDEA y el acto aniversario de la Bolsa de Comercio de Rosario. El llamado "riesgo electoral" está ganando terreno en la agenda del empresariado, y eso que todavía falta más de un año para las presidenciales y que Milei ganó las elecciones de medio término por paliza hace apenas unos meses.
Esa incertidumbre ya está condicionando decisiones de inversión. La cautela se impone: los empresarios apuestan a oportunidades de corto plazo y evitan compromisos de largo aliento mientras el escenario político no se despeje. Para quienes seguimos la política santafesina hace décadas, esto no es nuevo: Santa Fe siempre miró con recelo los vaivenes del poder central, y hoy no es la excepción.
La última palabra de la noche la tuvo una dirigente mutualista, de la minoría peronista en la mesa, que al retirarse lanzó una frase que dejó pensando a todos: "Yo creo que la opción peronista es la ganadora, pero con una postura de centro. El centro tiene que venir por el peronismo". Nadie respondió. Todos se fueron masticando eso junto con el postre.
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En otro orden, y cambiando radicalmente de registro, esta columna vuelve a ocuparse de algo que venimos siguiendo de cerca: las denuncias por estafas presentadas en Fiscalía contra un grupo empresario del sector de la construcción. Si en otras oportunidades relatamos maniobras sofisticadas de guante blanco, lo que se está ventilando ahora tiene una característica distinta: la operatoria es burda, casi infantil en su diseño, lo que no la hace menos grave sino más escandalosa.
Las denuncias acumuladas apuntan a múltiples damnificados que habrían sido víctimas de una misma constructora, con modalidades que se repiten y que ya están en manos de la Justicia santafesina. La fuente es confiable y el expediente existe: no es un rumor de pasillo sino una causa en movimiento.
A esto se suma otro elemento que circula con fuerza en los pasillos del poder provincial: la figura del mutualista con "firma invisible", un personaje que habría prestado su nombre y su rúbrica para avalar operaciones sin que quede rastro claro de su responsabilidad. En el mundo del mutualismo santafesino, donde la confianza y la solidaridad son el capital principal, este tipo de maniobras generan un daño institucional que va mucho más allá del perjuicio económico concreto.
Y por si fuera poco, también está en el aire la discusión sobre lo que algunos llaman la "casta" de los ingenieros: un debate interno sobre prácticas corporativas en el sector que, según las voces que llegan a esta redacción, tiene más de un expediente abierto y más de un nombre conocido comprometido. Los detalles de estas causas seguirán apareciendo en las próximas ediciones a medida que la Justicia avance.
Santa Fe tiene sus propias tramas. Y esta columna seguirá pisando el barro para contarlas.

Comentarios (15)
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Lo del ejercicio de la cena es lo más honesto que leí en mucho tiempo. Tipos que votan cualquier cosa menos peronismo admitiendo que el peronismo puede ganar. Eso se llama lucidez, aunque duela.
Che, ¿y nadie habla de que Milei ganó por paliza hace menos de un año? Parece que la memoria dura poco. Todavía falta un año para las presidenciales, relájense.
Tano, nadie dice que Milei perdió. El ejercicio era sobre probabilidades futuras, no sobre el pasado. Justamente eso es lo que asusta: que en un año todo puede cambiar.
El peronismo va a ganar porque la derecha no aprende. Siempre igual: ajustan, la gente se cansa, vuelve el PJ. El ciclo eterno argentino.
Esa frase de la dirigente mutualista al final es la más inteligente de toda la nota. El centro tiene que venir por el peronismo. Eso es exactamente lo que pasó con el primer Menem, con Kirchner en 2003... la historia se repite.
El problema del centro en Argentina no es de preferencias sino de estructura. Sin aparato territorial, sin sindicatos, sin intendentes propios, el 15% de probabilidad que le dieron es hasta generoso.
Roberto, totalmente de acuerdo. Y eso es lo que no entienden los que apuestan al centro puro: en Argentina el territorio lo tiene el PJ. Siempre fue así.
Y mientras debaten quién gana en 2027, hay gente estafada por una constructora esperando que la Justicia haga algo. Prioridades, señores.
Lo de la constructora lo vengo siguiendo hace meses. Es escandaloso que una operatoria tan burda haya durado tanto tiempo sin que nadie la frenara. ¿Dónde estaban los controles?
Lo de la 'casta de los ingenieros' me parece una generalización injusta. Hay prácticas corporativas cuestionables en todos los sectores, no solo en el nuestro. No mezclen a todos en la misma bolsa.
Bianchi siempre con los datos que otros no tienen. Ese restaurante Sunderland debe ser el lugar donde se decide la mitad de las cosas en Rosario jajaja
no entiendo porque hablan de kicillof como el abismo, si el abismo ya lo estamos viviendo con los tarifazos y el ajuste. cada uno tiene su abismo supongo
Lo del mutualista con firma invisible es gravísimo si se confirma. El mutualismo santafesino tiene una historia muy larga y seria, y este tipo de maniobras lo destruyen desde adentro.
Al final siempre es lo mismo: los que tienen plata cenan en Sunderland y deciden el país, y los demás miramos. Nada nuevo bajo el sol argentino.