La Ruta Nacional 33 está en el centro de las búsquedas de los argentinos este día, y no es casualidad. Este corredor vial de importancia estratégica conecta localidades clave del interior productivo del país, atravesando zonas de alto valor agropecuario e industrial que tienen una relación directa con la economía de Santa Fe y Rosario. Cualquier novedad sobre esta ruta impacta de lleno en la región.
La RN 33 es una de esas arterias que el Estado históricamente prometió mantener y nunca terminó de atender. Décadas de administraciones kirchneristas y peronistas dejaron una red vial deteriorada, con parches sobre parches, mientras los fondos de la obra pública se evaporaban en contratos inflados y funcionarios que nunca pisaron el asfalto que decían arreglar. El resultado: camioneros, productores y transportistas pagando el costo real del abandono estatal.
Desde la perspectiva económica, la conectividad vial es competitividad. Cada kilómetro de ruta en mal estado es tiempo perdido, combustible extra, mercadería dañada y costos logísticos que se trasladan al precio final de los productos. Para una región como la de Rosario, que concentra uno de los puertos más importantes de Sudamérica y es el corazón de la cadena agroexportadora argentina, el estado de las rutas nacionales no es un tema menor: es un tema de dólares, de divisas, de competitividad real frente al mundo.
El gobierno de Javier Milei heredó una cartera de obras públicas plagada de proyectos sobrevaluados, licitaciones sospechosas y contratos que beneficiaban a los mismos de siempre. La decisión de auditar, frenar y redirigir el gasto en infraestructura no es un capricho ideológico: es una necesidad fiscal impostergable. Claro que el ajuste duele en el corto plazo, pero seguir tirando plata en un sistema corrupto no era la solución. Ordenar primero, construir después, con transparencia y sin intermediarios que se queden con la diferencia.
Para los rosarinos, la RN 33 es también una ruta de vida cotidiana. Productores del interior santafesino y bonaerense la usan para mover granos, hacienda y mercadería hacia los centros de distribución. Accidentes, cortes y deterioro del pavimento son noticias frecuentes que afectan a miles de personas que dependen de este corredor para trabajar y vivir. No es un tema de infraestructura abstracta: es el pan de cada día de familias reales.
La tendencia en Google refleja que los argentinos están atentos, que preguntan, que exigen información. Eso es sano. Lo que no es sano es que durante años se haya naturalizado el abandono de la infraestructura pública como si fuera inevitable. No lo es. Es el resultado directo de décadas de mal gobierno, de priorizar el clientelismo sobre la eficiencia, el subsidio político sobre la inversión genuina. La Ruta Nacional 33 es, en ese sentido, un espejo perfecto de lo que le hicieron a la Argentina.
Comentarios (4)
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Hace años que esta ruta está abandonada. Yo la recorro seguido por trabajo y es un peligro constante. Ojalá el gobierno nacional la ponga en prioridad.
Muy buen artículo Victoria. La verdad que es hora de que alguien diga las cosas como son: décadas de peronismo destruyeron la infraestructura del país.
Che, ¿saben si hay algún corte hoy? Tengo que viajar por esa zona mañana temprano y no encuentro información oficial.
El problema es que ajustan la obra pública pero después no hay alternativa privada que la reemplace. Las rutas siguen igual de rotas y nosotros pagamos el pato.