Lo que viene no es un secreto: El Niño está en el radar de todos los organismos meteorológicos y la ciudad de Rosario no se va a quedar cruzada de brazos. La Municipalidad anunció que durante el segundo semestre de 2026 ejecutará más de 300 intervenciones de obra pública orientadas a prevenir anegamientos e inundaciones provocadas por lluvias intensas.
La agenda de obras públicas del semestre está directamente condicionada por el pronóstico climático. No es la primera vez que Rosario convive con calles convertidas en ríos, vecinos con el agua hasta la cintura y barrios enteros aislados durante horas. La diferencia, dicen desde el municipio, es que esta vez se llega con trabajo preventivo y no corriendo de atrás.
Mientras la Municipalidad se concentra en las intervenciones a escala local —desagües, limpieza de sumideros, refuerzo de infraestructura pluvial en los puntos más críticos—, el gobierno de Santa Fe avanza en paralelo con tareas de mayor envergadura. La coordinación entre ambos niveles del Estado será clave para que el paraguas funcione de verdad cuando lleguen las tormentas.
¿Alcanza con 300 intervenciones? La pregunta no es menor. Rosario tiene una historia larga y dolorosa con las inundaciones: barrios como Empalme Graneros, Las Flores o sectores del noroeste de la ciudad sufren cada temporada de lluvias intensas con una regularidad que ya debería avergonzar a cualquier gestión. El problema estructural del sistema pluvial rosarino no se resuelve en un semestre, pero cada intervención cuenta.
El fenómeno de El Niño implica, en términos concretos, un aumento significativo de las precipitaciones en la región pampeana durante los meses de otoño e invierno austral, con picos que pueden extenderse hasta la primavera. Para una ciudad como Rosario, con una red de desagüe que en varios sectores data de décadas y que fue diseñada para una población y una impermeabilización del suelo muy distintas a las actuales, cada milímetro extra de lluvia es un desafío real.
Desde el municipio no trascendieron detalles sobre cuáles serán los barrios priorizados ni el presupuesto total asignado al plan. Esa falta de precisión es, en sí misma, una señal de alerta: los anuncios generales sin mapa claro de ejecución suelen quedarse en el papel cuando llega la primera tormenta seria.
La ciudad tiene memoria. Y los vecinos de las zonas más vulnerables, también. Que el Estado llegue antes que el agua es lo mínimo que se puede pedir. Ahora hay que ver si las 300 intervenciones son un plan real o una conferencia de prensa con fecha de vencimiento.

Comentarios (12)
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Ojalá sea verdad y no solo un anuncio para la foto. En mi barrio, Las Flores, cada vez que llueve más de una hora el agua entra a las casas. Hace años que prometemos y prometemos.
300 intervenciones suena a mucho pero si no dicen en qué barrios ni cuánta plata, es puro humo. Que publiquen el mapa.
Al menos están anticipando el problema en lugar de salir a pedir disculpas después de la tormenta. Algo es algo.
Rodrigo, con todo respeto, eso mismo dijeron en 2023 y el agua nos llegó a la rodilla igual. El 'algo es algo' ya no alcanza.
En Fisherton también sufrimos, no es solo el noroeste. Hay calles que con 20 minutos de lluvia ya están bajo el agua. Espero que esta vez lleguen a todos los barrios.
El problema es estructural. La red pluvial de Rosario tiene décadas y fue diseñada para otra ciudad. Con 300 intervenciones no alcanza, necesitan una reforma de fondo.
Marcelo, totalmente de acuerdo en que el problema es estructural, pero algo hay que hacer mientras tanto. No podemos esperar la obra del siglo para no inundarnos este invierno.
Che, y la provincia qué hace exactamente? La nota dice que trabajan 'a mayor escala' pero no dice nada concreto. Mucha vaguedad.
Vivo en Empalme Graneros hace 30 años. Cada gobierno dice lo mismo. Cada año nos inundamos igual. Ya ni me ilusiono.
Silvia, te entiendo perfectamente. Pero si no hacemos nada y no exigimos, tampoco va a cambiar. Hay que seguir de cerca si estas obras se hacen o no.
Buen punto el de la nota sobre la impermeabilización del suelo. Cada edificio nuevo, cada estacionamiento asfaltado, es más agua que no absorbe la tierra. El problema también es el modelo de ciudad.
Y mientras tanto los que vivimos en el sur seguimos esperando que alguien se acuerde que existimos. Siempre las obras van al centro o a los barrios que salen en la tele.