Sin una palabra de anticipación, sin reunión previa con las gerencias y sin ningún tipo de comunicación formal, las autoridades de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) despidieron a cerca del 20% de su planta contratada. Los afectados —alrededor de 350 trabajadores— se enteraron de la rescisión de sus contratos a través del sistema interno del organismo, muchos de ellos con apenas un día de anticipación.
La medida desató una concentración de protesta frente a la sede central de la CNEA. La respuesta del Gobierno nacional fue enviar a la Gendarmería, que ingresó al edificio armada con armas de fuego para disolver la manifestación, según denunciaron los propios trabajadores y registraron medios presentes en el lugar.
Martín Iofrida, secretario general de la Asociación de Profesionales de la CNEA y la Actividad Nuclear (APCNEAN), fue el primero en dimensionar el alcance del recorte: «Hasta ahora se habla del 20% del personal contratado, que hasta hoy eran alrededor de 350. No le avisaron a nadie, estamos relevando la lista. La gente se fue enterando que se queda sin trabajo con un día de anticipación», denunció.
Lo que en un primer momento las autoridades intentaron presentar como una reducción acotada al personal administrativo resultó ser bastante más amplio. Con el correr de las horas quedó confirmado que los despidos alcanzaron a profesionales vinculados al proyecto del reactor nuclear Carem, a trabajadores de relaciones internacionales y a operadores de laboratorios químicos de alta complejidad. Un dato que no es menor: desde la asunción de la actual gestión en diciembre de 2025, la renovación de contratos dejó de ser anual para volverse trimestral, lo que ya había generado incertidumbre en el sector.
Las consecuencias operativas son concretas y graves. Según Iofrida, «laboratorios que operan equipos de alta complejidad quedan sin operadores, instalaciones de pruebas de tecnología nuclear no podrán operar o lo harán con personal reducido, la carga administrativa recaerá sobre investigadores y cada vez se hará más difícil su trabajo». En otras palabras: el ajuste no recorta burocracia, recorta capacidad técnica estratégica.
El timing político del anuncio no pasó desapercibido. Mientras los trabajadores recibían los mails de desvinculación, el vocero presidencial Adrián Ravier salía a celebrar la «profunda reestructuración del Estado» impulsada por el gobierno de Javier Milei, destacando que desde el inicio de la gestión se desvincularon 71.025 empleados estatales. El número suena bien en un comunicado de prensa; la pregunta es qué capacidades se pierden junto con esas planillas.
La contradicción más llamativa la señaló la diputada nacional Adriana Serquis (Fuerza Patria, Río Negro), ex presidenta de la CNEA: «Hace menos de un mes, la Secretaría de Asuntos Nucleares presentaba los Lineamientos de la Política Nuclear Argentina 2026, entre los cuales señalaba tener como objetivos las exportaciones nucleares de alto valor agregado y la preservación y desarrollo de la capacidad tecnológica nacional». Difícil exportar tecnología nuclear sin los técnicos que la desarrollan.
Serquis apuntó directamente contra Martín Porro, presidente de la CNEA, y Federico Ramos Napoli, secretario de Asuntos Nucleares del Ministerio de Economía, a quienes responsabilizó del vaciamiento de los profesionales que el Estado argentino invirtió décadas en formar. El representante gremial Iofrida agregó otro dato que resulta difícil de ignorar: «Mientras despiden personal científico y de ingeniería, contratan gente propia sin formación». El caso más resonante es el de Gisela Mangone, designada por Porro como gerenta de Recursos Humanos de la CNEA, cuya trayectoria profesional se limita a ser instructora de yoga.
La situación en el interior del país no es mejor. En Bariloche, sede del Centro Atómico Bariloche —uno de los polos de investigación nuclear más importantes de América Latina—, la prensa local informó que no se renovarían los contratos de al menos 170 trabajadores del organismo. El Centro Atómico Bariloche es, entre otras cosas, la institución que forma a los físicos nucleares argentinos a través del Instituto Balseiro, referencia académica de nivel internacional.
La CNEA no es un organismo cualquiera. Fundada en 1950, es una de las instituciones científico-tecnológicas más antiguas y estratégicas del país, responsable del desarrollo del programa nuclear argentino, que incluye reactores de investigación, tecnología médica y el proyecto Carem —el primer reactor nuclear de potencia de diseño íntegramente nacional—. Desmantelar su capital humano especializado no es ajuste: es destrucción de capacidad estatal que llevó décadas construir y que no se recupera de un trimestre al otro.

Comentarios (15)
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Que despidan ñoquis del Estado está bien, pero acá están echando ingenieros nucleares y físicos que llevan años en proyectos estratégicos. Eso no es ajuste, es destruir lo que costó décadas construir. El Carem no se hace solo.
71.000 empleados estatales menos. Eso es lo que necesitaba este país. Lástima que no llegaron a 200.000. El Estado es un agujero negro de plata de los contribuyentes.
Che, ¿vos sabés lo que es un reactor nuclear? ¿Sabés cuánto tiempo lleva formar un físico nuclear? No es lo mismo echar a un ñoqui de ministerio que a un ingeniero del Carem. Pensá antes de aplaudir.
Si son tan valiosos que los contrate el sector privado. Para eso existe el mercado. El Estado no tiene que bancar laboratorios con plata de todos.
Lo de la gerenta de RRHH instructora de yoga es el resumen perfecto de esta gestión. Echan a los que saben y ponen a los amigos. Eso no es libertad, es nepotismo de manual.
Igual hay que ver cuántos de esos 350 realmente hacían algo. En el Estado hay mucho cargo inventado. No digo que todos sean así, pero tampoco hay que llorar por cada desvinculación.
Trabajo en el sector hace 15 años. Te puedo asegurar que en la CNEA no hay lugar para vagos, los proyectos son exigentes y el personal contratado trabaja más que muchos de planta. Lo que están haciendo es una barbaridad técnica.
Me parece gravísimo lo de la Gendarmería adentro del edificio. Trabajadores que se quedan sin trabajo de un día para el otro y encima los reprimen cuando protestan. ¿En qué país vivimos?
Kirchner fundió el país durante 20 años y ahora lloran porque hay ajuste. Alguien tiene que pagar los platos rotos. Bienvenido al mundo real.
La contradicción es brutal: el mes pasado presentan una política nuclear con objetivos de exportación tecnológica y a los 30 días echan a los que hacen esa tecnología. ¿Alguien le avisó a Ramos Napoli que sin ingenieros no hay exportaciones?
Bariloche también. 170 personas en el Centro Atómico. El Instituto Balseiro es de los mejores del mundo y lo están vaciando. Una vergüenza.
Que el Estado necesita reducirse es verdad. Pero hay formas inteligentes y formas destructivas de hacerlo. Echar al 20% de golpe, sin aviso, en un organismo técnico estratégico, es la forma más torpe posible. Esto va a costar el doble reconstruirlo.
Y mientras tanto Porro pone a una instructora de yoga de gerenta de RRHH. Pero claro, los contratados son el problema.
Soy docente universitaria y muchos de mis mejores alumnos de ingeniería apuntaban a la CNEA. ¿Qué les digo ahora? ¿Que estudien 6 años para que los echen por mail sin previo aviso? Esto destruye vocaciones científicas.