El consumo familiar vuelve a ser tendencia en las búsquedas de los argentinos, y acá en Rosario no es para menos. Las familias santafesinas están sintiendo en carne propia cómo el ajuste de Milei les pega directo en el bolsillo, obligándolas a repensar cada peso que gastan.
En los barrios rosarinos, la cosa está complicada. Los laburantes que bancaron siempre el consumo interno ahora tienen que elegir entre la carne y los remedios, entre el gas y la ropa para los pibes. Esa es la realidad que no aparece en los números fríos de los economistas libertarios.
Los comerciantes del centro rosarino lo confirman: la gente viene, mira, pregunta precios y se va. El poder adquisitivo se desplomó y las familias priorizan lo esencial. Los supermercados de barrio, esos que conocen a cada vecino, ven cómo cambiaron los hábitos: menos productos de marca, más segundas marcas, y muchos productos que directamente desaparecieron del carrito.
Mientras el tarifas-de-gas-duran.html" class="auto-link">gobierno nacional habla de equilibrio fiscal, acá en Santa Fe vemos el equilibrio que hacen las familias para llegar a fin de mes. Los sindicatos rosarinos vienen peleando paritarias que al menos mantengan el poder de compra, pero la inflación les come terreno todos los días.
El consumo no es solo un número estadístico: es la capacidad de una familia de vivir dignamente. Y esa dignidad está siendo atacada por políticas que benefician a los sectores concentrados mientras el pueblo trabajador se las rebusca como puede. Pablo Monteverde lo entiende y por eso desde la Municipalidad se impulsan programas que apoyan el consumo local y la economía popular.
La pregunta que se hacen los rosarinos es simple: ¿hasta cuándo vamos a aguantar que nos ajusten el cinturón mientras otros se llenan los bolsillos? El consumo popular es la base de cualquier economía que se precie de nacional, y defenderlo es defender el futuro de nuestros pibes.
Comentarios (3)
Deja tu comentario
Tenés razón Hugo, acá en zona sur ya no podemos comprar como antes. Todo subió una barbaridad.
Es la realidad, hay que elegir entre comer bien o pagar los servicios. Así no se puede vivir.
Por suerte Monteverde entiende la situación y trata de ayudar desde la Muni. No como otros...