Lo que pasa dentro de las cárceles de Santa Fe no siempre llega a los diarios. Pero esta semana, con el inicio de un juicio en Rosario, una parte de esa realidad oculta quedó expuesta: un grupo de al menos seis reclusos planificó y ejecutó una emboscada mortal contra otro interno en la cárcel de Piñero en 2023. Lo mataron a puñaladas. Con premeditación. Adentro de una institución del Estado que, en teoría, debería garantizar la seguridad de quienes aloja.
El caso no es una excepción. Es parte de una serie que pocos quieren ver. En los últimos 11 años, al menos 15 presos fueron asesinados dentro de distintas unidades penitenciarias de la provincia. Son 15 muertes violentas en espacios donde el Estado tiene el control absoluto de la situación: quién entra, quién sale, quién convive con quién, qué objetos circulan. Y aun así, la sangre siguió corriendo.
¿Cómo se planifica una emboscada de seis personas dentro de una cárcel sin que nadie lo note? Esa es la pregunta que este juicio debería responder, y que el Servicio Penitenciario de Santa Fe tendría que haber respondido hace tiempo. Porque no estamos hablando de un enfrentamiento espontáneo en el patio. Estamos hablando de una operación coordinada, con varios actores, que requirió tiempo, comunicación y, probablemente, complicidades o al menos negligencias graves.
La cárcel de Piñero, ubicada en la localidad del mismo nombre a pocos kilómetros de Rosario, es una de las unidades penitenciarias más grandes y conflictivas de la provincia. Aloja a condenados y procesados en condiciones que organismos de derechos humanos han cuestionado en reiteradas oportunidades. El hacinamiento, la falta de personal capacitado y la presencia de organizaciones criminales que operan desde adentro son factores que se repiten en cada informe, en cada denuncia, en cada muerte.
Quince asesinados en once años. Si ese número ocurriera en una empresa, en una escuela, en cualquier institución pública, habría comisiones investigadoras, renuncias, escándalos políticos. Pero en las cárceles, la muerte de un preso parece tener otro peso. Como si la condena judicial implicara también una condena a la indefensión.
El juicio que arrancó esta semana en Rosario es una oportunidad. No solo para hacer justicia por la víctima de 2023, sino para que la Justicia y la sociedad pongan la lupa sobre un sistema que lleva más de una década fallando de la manera más grave posible: dejando que sus propios internos se maten entre sí. El Estado no puede mirar para otro lado cuando la violencia ocurre bajo su propio techo.
Porque al final del día, la pregunta no es solo quién mató a ese preso en Piñero. La pregunta es quién permitió que pasara.

Comentarios (13)
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Quince muertos en once años y nadie renuncia, nadie va preso, nadie responde. En este país la impunidad tiene muchas caras y esta es una de las más oscuras.
Y encima son presos, así que a nadie le importa. Si esto pasaba en una escuela o en un hospital ya había comisión investigadora en el Senado.
Perdón pero yo no voy a llorar por los presos. Que se maten entre ellos. Afuera matan inocentes y nadie hace nada tampoco.
Graciela, entiendo la bronca, pero el Estado tiene la obligación legal de garantizar la integridad de los detenidos, sean culpables o no. Si no puede hacer eso, el sistema penitenciario es un fracaso total. No es cuestión de lástima, es cuestión de instituciones que funcionen.
Graciela tiene razón en algo: afuera también matan y tampoco pasa nada. Pero eso no quita que adentro sea un desastre. Son dos problemas, no uno.
Seis personas coordinando un ataque adentro de una cárcel y los guardias no se enteraron de nada? Alguien tiene que explicar eso.
Lo de Piñero es conocido hace años. Esa cárcel es tierra de nadie. Los que trabajamos en el sistema sabemos que el hacinamiento y la falta de personal hacen imposible el control real. No es excusa, es la realidad.
Marcelo, con todo respeto, eso que decís suena a justificación. Llevan décadas diciendo lo mismo y el resultado son 15 muertos. En algún momento hay que asumir responsabilidades.
Que alguien le pregunte al gobierno de Pullaro qué piensa hacer con esto. O solo se habla de seguridad cuando el crimen pasa en la calle?
Ojalá este juicio sirva para algo más que una condena. Que sirva para que alguien en el Ministerio de Justicia se siente a pensar cómo se reforma este sistema de una vez.
15 en 11 años... o sea más de uno por año. Y recién ahora hay un juicio que sale en los diarios. Impresionante.
Hay que ver también quiénes son las víctimas y quiénes los victimarios. En muchos casos son disputas entre bandas que operan desde adentro. El problema es que el Estado perdió el control de sus propias cárceles hace mucho.
mi primo estuvo en piñero y me contó cosas que no te puedo ni describir. eso no es una cárcel, es otra cosa.