Lo que ocurrió en la madrugada del martes en la zona oeste de Rosario parece sacado de una película de terror doméstico: un hombre estaba recostado en su cama, mirando Instagram en el celular, cuando su pareja salió del interior de un ropero y comenzó a atacarlo a cuchillazos.
El hecho se registró alrededor de las 0.30 en Lejarza al 5700, en el oeste de la ciudad. Según el relato que el damnificado, de 36 años, hizo ante los efectivos policiales, la mujer —de 27 años— estaba escondida dentro del ropero del dormitorio y esperó el momento en que él estuviera distraído para salir y atacarlo.
Pero la secuencia no terminó ahí. Según declaró la víctima, después de la primera agresión la mujer se dirigió a la cocina, tomó dos cuchillos y volvió para darle dos puntazos: uno en el tórax y otro en la pierna izquierda. Una escena de violencia doméstica que, por su modalidad, resulta tan perturbadora como difícil de procesar.
¿Quién dio la voz de alarma? El hijo de la pareja, un menor que estaba en la vivienda y que, al escuchar la pelea, salió a hacer señas a los policías que llegaron al lugar. Los agentes, al ver al chico pidiendo auxilio, rompieron la puerta para poder ingresar. Adentro encontraron a la mujer todavía con los dos cuchillos en las manos. Fue reducida y aprehendida en el acto.
El SIES llegó para asistir al hombre y constató que presentaba heridas de arma blanca, aunque sin riesgo de vida. Fue trasladado al Hospital Centenario para recibir atención médica. Durante el procedimiento, la Policía secuestró las dos armas utilizadas: una cuchilla de cocina con hoja de acero inoxidable de aproximadamente 20 centímetros y un cuchillo de mango negro con hoja de unos 10 centímetros.
La mujer quedó aprehendida y fue trasladada junto con las actuaciones a la Comisaría 32ª, que tiene jurisdicción sobre esa zona de la ciudad.
El caso abre una pregunta que incomoda: ¿cuánto tiempo estuvo escondida dentro del ropero, esperando? La premeditación que sugiere ese detalle es lo que convierte este episodio en algo más que una pelea de pareja. No fue un arrebato en el calor de una discusión. Fue una emboscada dentro del propio hogar, con un menor presente, en la madrugada.
La violencia en las relaciones de pareja tiene muchas formas, y no siempre el varón es el único agresor posible. Este caso lo recuerda de manera brutal. Lo que sí es constante, en todos los casos, es el daño que queda: en la víctima, en los hijos que ven y escuchan, en las paredes de una casa que ya no puede llamarse hogar.
Con informacion de: La Capital, Rosario3.

Comentarios (13)
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Esto es una locura. Escondida en el ropero esperándolo... eso no es una pelea, eso es una emboscada. Espero que la justicia lo tome en serio y no lo archive como si nada.
El pibe que salió a pedir ayuda... imaginate lo que vivió ese chico. Eso es lo que más duele de todo esto.
el nene que hacia señas desde afuera... eso me partio el alma. pobre chico
La violencia no tiene género, y casos como este lo demuestran. Ojalá se hable de esto con la misma seriedad que se habla de otros casos.
Che, pero habrá que ver qué pasó antes también. No digo que esté bien lo que hizo, para nada, pero algo habrá desencadenado todo esto.
No, Tano, no. Esconderse en un ropero con un cuchillo no es una reacción espontánea. Eso se planifica. No hay justificación posible.
Exacto Romina. Y además había un menor en la casa. Eso agrava todo.
Nadie está justificando nada, tranquilas. Solo digo que la justicia tiene que investigar el contexto completo. Eso es todo.
Mirando Instagram tranquilo y de repente esto. La verdad que uno no está seguro ni en su propia casa.
Me pregunto cuántos casos así no se denuncian porque el hombre tiene vergüenza o miedo a que no le crean. Este al menos fue al hospital y habló.
Bien que lo aprehendieron en el momento. Con los cuchillos en la mano todavía. No había mucho margen para la duda.
Ojalá el chico reciba contención psicológica. Presenciar algo así siendo menor deja marcas para toda la vida. El Estado tiene que estar presente ahí también.
Y la nota dice 'sin riesgo de vida' como si eso fuera suficiente. Dos cuchillazos, uno en el tórax. Pudo haber sido una tragedia. La diferencia fue de centímetros.