Hay figuras del fútbol que se retiran de las canchas pero nunca del ruido. José Luis Chilavert es una de ellas. El exarquero paraguayo, uno de los más grandes de la historia del fútbol sudamericano, vuelve a ser tendencia en Google Argentina con cientos de búsquedas en las últimas horas, y la razón es la de siempre: abrió la boca y no dejó a nadie indiferente.
Chilavert no es un personaje que necesite presentación en estas tierras. Campeón con Vélez Sársfield, goleador desde el arco, pateador de penales y tiros libres con una efectividad que todavía asombra, el paraguayo construyó una carrera tan brillante como polémica. En Rosario lo recuerdan bien: cada vez que el Vélez de Bianchi pisó el Gigante de Arroyito o el Estadio Marcelo Bielsa, Chilavert fue protagonista, para bien o para mal.
Pero lo que mantiene vivo a Chilavert en el debate público no es el recuerdo de sus atajadas o sus goles. Es su lengua. El exarquero tiene una opinión formada sobre absolutamente todo: la política paraguaya, el fútbol moderno, los dirigentes, los jugadores actuales. Y las expresa sin filtro, con la misma contundencia con la que pateaba los tiros libres desde mitad de cancha.
¿Cuántos exfutbolistas logran mantenerse en la conversación pública décadas después de colgar los guantes? Pocos. Chilavert lo consigue porque entiende algo que muchos no: la controversia tiene valor, y él la maneja como un activo propio.
En Rosario, ciudad futbolera hasta los huesos, la figura de Chilavert genera sentimientos encontrados. Los hinchas de Central y Newell's que lo vivieron en los noventa lo respetan como rival de fuste, aunque más de uno lo recuerda con bronca por alguna declaración de época. Los más jóvenes lo conocen por los videos que circulan en redes: el gol de tiro libre, la pelea con Ronaldo, los cruces con Passarella. Un personaje que el algoritmo rescata una y otra vez porque nunca aburre.
Lo cierto es que Chilavert sigue siendo una marca, un nombre que cuando aparece en un titular garantiza clics, debate y posiciones encontradas. En un fútbol cada vez más corporativo, donde los jugadores hablan con el manual de comunicación en la mano, el paraguayo representa algo que se fue perdiendo: la opinión sin red de contención.
Puede gustar o no. Puede tener razón o equivocarse olímpicamente. Pero aburrido, lo que se dice aburrido, Chilavert no es. Y mientras siga siendo así, va a seguir apareciendo en las tendencias de búsqueda de Argentina. Eso, en el mundo del ruido digital, también es un mérito.
Comentarios (4)
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El mejor arquero que vi jugar en el Gigante. Odiable como rival, pero un fenómeno. Punto.
Habla mucho para lo que sabe de política. En el arco era un crack, pero que se quede ahí.
Igual que digan lo que digan, cuando aparece Chilavert todos paran a escuchar. Eso no lo tiene cualquiera.
Me acuerdo cuando le metió un tiro libre al Canalla desde mitad de cancha. Todavía me duele jaja. Crack igual.