Hay una palabra que los argentinos buscan con urgencia cuando algo pasa: condena. No es casual. Es el termino que resume la esperanza de que la Justicia, esa señora que a veces llega tarde y a veces no llega, finalmente diga algo. Esta semana, ese termino exploto en Google Argentina con mas de 500 busquedas en tendencia, y en Rosario lo saben mejor que nadie.
En una ciudad que convivio durante años con la violencia narco, con juicios que se eternizan y con imputados que salen por la puerta giratoria antes de que se seque la tinta del expediente, la palabra condena tiene un peso especifico. No es abstracta. Es la diferencia entre una familia que puede dormir tranquila y una que sigue mirando por la ventana con miedo.
¿Cuántas veces escuchamos en Rosario que alguien fue detenido, procesado, y a los meses estaba de vuelta en el barrio? La respuesta, lamentablemente, es demasiadas. Por eso cuando hay una condena firme, cuando un juez o un tribunal dice 'culpable' y esa palabra se sostiene, la reaccion social es casi de sorpresa. Como si el sistema hubiera funcionado por accidente.
El debate nacional que genera cada fallo condenatorio toca fibras distintas segun de que caso se trate. Puede ser un caso de corrupcion politica, donde la condena a un funcionario desata la grieta de siempre: los que festejan y los que gritan lawfare. Puede ser un caso policial, donde la condena a un asesino o un violador genera alivio pero tambien la pregunta inevitable: ¿cuanto tardo? ¿Cuanto sufrieron las victimas esperando?
En Santa Fe, la Justicia provincial arrastra una deuda historica con la sociedad. Los casos resonantes, los que llenaron tapas de diarios y movilizaron a familias enteras, muchas veces terminaron en fallos que dejaron gusto a poco. Condenas menores a lo esperado, beneficios procesales que reducen penas, o directamente absoluciones que nadie entiende. La confianza en el sistema judicial es uno de los activos mas deteriorados de la democracia argentina, y Rosario es un termometro preciso de eso.
Pero tambien hay otra cara. Cuando la condena llega y es justa, cuando el tribunal actua con independencia y con pruebas solidas, algo se mueve en la sociedad. No es euforia, es algo mas tranquilo y mas profundo: la sensacion de que el contrato social todavia existe, aunque este rajado.
Esta semana, mientras el termino condena inundaba las busquedas de los argentinos, en Rosario la pregunta de fondo seguia siendo la misma de siempre: ¿cuando la Justicia va a estar a la altura de lo que esta ciudad necesita? No es una pregunta retorica. Es una exigencia.
Las condenas importan. Pero importan mas cuando llegan a tiempo, cuando son proporcionales, y cuando el Estado garantiza que se cumplan. Mientras eso no sea la norma y no la excepcion, cada trending topic sobre este tema va a seguir siendo un recordatorio de lo que falta.
Comentarios (4)
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En Rosario estamos hartos de ver cómo los tipos entran y salen de la Justicia como si fuera una puerta giratoria. Una condena real, que se cumpla, sería un milagro.
Hay que ver de qué condena se habla. Si es política, la mitad del país festeja y la otra mitad grita lawfare. Ya no se puede hablar de Justicia sin que se mezcle todo.
Yo soy familiar de una víctima y te digo: esperar una condena es agotador. Son años de tu vida peleando contra el sistema. Cuando llega, ya no alcanza para reparar nada.
Buen artículo, aunque me parece que falta mencionar que también hay condenas injustas. El sistema falla para los dos lados. No siempre el condenado es culpable.