El Gobierno nacional tiene en carpeta la derogación de la Ley de Defensa de la Actividad Libraria, la norma que fija un precio uniforme de venta para los libros en todo el país. La medida encendió las alarmas en el sector editorial y cultural, y ya tiene respuesta desde la Legislatura provincial: la diputada Lionella Cattalini salió a defender la ley con argumentos que mezclan cultura, empleo y diversidad.
"La industria del libro no es una actividad comercial más", arrancó Cattalini en su declaración pública. "Detrás de cada ejemplar existen autores, traductores, correctores, ilustradores, editoriales, imprentas, distribuidoras y librerías que sostienen empleo y permiten que nuevas voces tengan lugar", agregó la legisladora, apuntando directamente al corazón del debate: cuántos puestos de trabajo dependen de un esquema regulado.
La norma cuestionada establece que todos los puntos de venta deben comercializar un mismo título al mismo precio, sin posibilidad de descuentos agresivos. El objetivo declarado es nivelar la cancha entre las grandes cadenas y las librerías independientes, que no tienen el volumen para competir en precio con gigantes del retail o plataformas digitales. Sin esa protección, el argumento es simple: los pequeños cierran.
Para Cattalini, Rosario tiene mucho en juego. "Sus librerías forman parte de la identidad cultural de la ciudad: son espacios donde circulan ideas, se presentan autores y se forman lectores. Defender esa red es defender una parte de lo que somos", sostuvo. La ciudad tiene una larga tradición editorial y libraria, con decenas de librerías independientes distribuidas en distintos barrios que funcionan también como centros culturales.
El argumento más filoso de la diputada apunta a desactivar la crítica fiscal: "La Ley del Libro no le cuesta un peso al Estado". A diferencia de subsidios, exenciones impositivas o transferencias directas, la regulación de precio uniforme no implica erogación presupuestaria. Es, en términos técnicos, una regulación de mercado sin costo fiscal directo para el Tesoro.
El debate, sin embargo, no es tan lineal. Los defensores de la desregulación sostienen que el precio fijo es, en definitiva, una restricción a la competencia que termina perjudicando al consumidor final: si una librería grande o una plataforma online pudiera ofrecer descuentos, el lector accedería al libro más barato. El contrarargumento del sector cultural es que esa lógica destruye el ecosistema: sin librerías independientes, sin editoriales chicas, la oferta se concentra y la bibliodiversidad desaparece.
La discusión se enmarca en la agenda desreguladora del Gobierno de Javier Milei, que desde diciembre de 2023 viene eliminando o cuestionando regulaciones en distintos sectores de la economía. La Ley del Libro es uno de los frentes abiertos en ese proceso, junto con otras normativas que el oficialismo considera trabas al libre mercado.
Lo que está claro es que el sector editorial argentino no es menor: según datos de la Cámara Argentina del Libro, la industria mueve miles de millones de pesos al año, emplea a decenas de miles de personas en toda la cadena de valor y Argentina es uno de los principales productores de libros en español a nivel mundial. Tocar las reglas de juego tiene consecuencias que van más allá de las góndolas.
"Defenderla es defender trabajo, cultura y producción nacional", cerró Cattalini. El Gobierno, por su parte, no ha dado marcha atrás con el proyecto. El debate recién empieza.

Comentarios (14)
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Totalmente de acuerdo con Cattalini. Las librerías de barrio son parte de la cultura de Rosario. Si las grandes cadenas pueden tirar el precio, los pequeños cierran y chau diversidad. Ya lo vimos con los supermercados y los almacenes.
¿Y por qué yo como consumidor tengo que pagar el precio que fija el Estado? Si una librería grande puede venderme el libro más barato, ¿no es mejor para el lector? Esto es proteccionismo disfrazado de cultura.
El problema es que cuando cierran todas las librerías independientes, la oferta se concentra y terminás leyendo solo lo que le conviene al gran distribuidor. Pasó con la música, con el cine. La diversidad tiene un costo.
Argumento de siempre: 'si no lo regula el Estado, desaparece'. Las librerías que ofrecen valor real van a sobrevivir. Las que no, que cierren. Así funciona el mercado.
Yo compro en la librería del barrio hace 20 años. No me importa si está un poco más caro, el servicio y la recomendación del librero no te lo da ninguna plataforma online. Ojalá no toquen la ley.
Cattalini tiene razón en una cosa: la ley no le cuesta nada al Estado. Eso es un dato importante que la gente no sabe. No es un subsidio, es una regla de juego. Otra discusión es si esa regla es justa o no.
igual yo los compro en mercadolibre jaja, la mitad de precio. no me vengan con el cuento de la librería de barrio
Eso que decís es exactamente el problema. Comprás en Mercado Libre y después te quejás de que cerraron todas las librerías del barrio. Las dos cosas no se pueden tener.
Entiendo la defensa cultural, pero seamos honestos: Argentina tiene una presión regulatoria brutal sobre todos los sectores. En algún momento hay que preguntarse si tantas protecciones no terminan asfixiando al propio sector que dicen defender.
Fui a la Feria del Libro de Rosario el año pasado y la variedad era increíble. Editoriales chicas, autores locales, libros que jamás encontrarías en una cadena grande. Eso es lo que está en juego. No es poca cosa.
Milei desregula todo menos lo que le conviene a sus amigos. Pero bueno, acá la casta cultural también tiene lo suyo. Que se arreglen entre ellos y que el lector pague menos.
Me parece bien que una diputada salga a defender esto. Ojalá hubiera más legisladores ocupándose de temas concretos en lugar de pelear en Twitter todo el día.
El argumento de la bibliodiversidad me parece válido. No es lo mismo que proteger a una empresa ineficiente: acá hablás de preservar un ecosistema cultural. Hay ejemplos en Europa donde el precio fijo del libro funciona hace décadas sin drama.
¿Y los autores qué dicen? Porque si hay más competencia en precio y se venden más libros, también ganan más. No todo es tan blanco o negro.