El término 'periodista' se disparó este martes entre las búsquedas más realizadas en Google Argentina, superando las mil consultas en pocas horas. No es casualidad: en un país que está rediscutiendo el rol del Estado en los medios, la figura del periodista vuelve a estar en el centro de la escena política y cultural.
Desde Rosario, ciudad que históricamente supo forjar una prensa combativa y con identidad propia, el debate no es menor. La pregunta que muchos se hacen hoy es simple pero incómoda: ¿puede ser independiente un periodista que cobra su sueldo —directa o indirectamente— del Estado? La respuesta, para quienes defendemos la libertad de mercado, es un rotundo no.
Durante décadas, el kirchnerismo y el peronismo en general construyeron un ecosistema mediático sostenido con pauta oficial, subsidios encubiertos y favores regulatorios. Medios que dependían del oxígeno estatal para sobrevivir difícilmente podían —o pueden— ejercer un periodismo crítico real. Eso no es periodismo: es propaganda con credencial de prensa.
El gobierno de Javier Milei avanzó en la reducción de la pauta oficial y en el desfinanciamiento de estructuras mediáticas que vivían del Estado. La reacción del sector fue predecible: gritos de censura, apelaciones a la libertad de prensa, movilizaciones. Pero hay una diferencia fundamental entre libertad de prensa y derecho a ser financiado por el contribuyente. Nadie tiene derecho a que el Estado le pague el sueldo para criticar al Estado.
En Santa Fe y particularmente en Rosario, la discusión tiene matices propios. La provincia tiene medios de gestión pública, radios municipales y una estructura de comunicación oficial que consume recursos del erario. En tiempos de ajuste fiscal necesario, cada peso gastado en comunicación estatal es un peso que no va a salud, seguridad o infraestructura. Los rosarinos lo saben mejor que nadie: viven en una ciudad donde la inseguridad es una emergencia real y los recursos siempre escasean.
El periodismo verdadero —el que incomoda al poder, el que investiga, el que no pide permiso— no necesita del Estado para existir. Necesita lectores, audiencia, credibilidad ganada con trabajo. Eso es lo que diferencia a un periodista de un operador mediático con micrófono.
En este contexto, el interés masivo por el término 'periodista' refleja una sociedad que está revisando críticamente a quienes tienen el poder de instalar agenda. Y eso, aunque les duela a muchos colegas, es una señal saludable. La gente ya no consume información de manera pasiva: pregunta, contrasta, desconfía. Bienvenidos al periodismo del siglo XXI, donde la casta mediática también rinde cuentas.
Comentarios (4)
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Por fin alguien lo dice claro. Muchos 'periodistas' que gritan censura son los mismos que vivieron años de la pauta kirchnerista. La hipocresía es impresionante.
No estoy de acuerdo. Reducir la pauta también afecta a medios chicos del interior que no tienen otra fuente de financiamiento. No todo es blanco o negro.
En Rosario hay radios municipales que consumen plata de todos y no informan nada relevante. Que se financien solos como cualquier empresa.
El periodismo independiente existe y siempre existió. El problema es que cuesta sostenerlo económicamente. No es tan fácil como parece desde afuera.