Lo que pasó en Empalme Graneros aquella madrugada del 5 de marzo de 2023 no fue un accidente ni una bala perdida al azar. Fue un ataque planificado, con armas elegidas, con un datero que mandaba información en tiempo real y con una orden que bajó desde adentro de una cárcel. El problema es que el dato estaba mal. Y Máximo Jerez, de 12 años, pagó con su vida ese error.
Este viernes, en la sala 10 del Centro de Justicia Penal de Rosario, el fiscal Franco Tassini cerró su alegato con casi dos horas de reconstrucción minuciosa del crimen. Lo que describió no es solo un homicidio: es el retrato de cómo funciona una guerra narco en un barrio, con sus reglas, sus jerarquías, sus mensajes cifrados y su brutalidad sin límite.
Todo empezó mucho antes de esa noche. En Empalme Graneros, dos bandas se disputaban el control del territorio para vender droga. De un lado, el sector de Juan B. Justo y Campbell, liderado por Alex Ibáñez, alias Araña. Del otro, la zona de Los Pumitas, bajo el mando de Juan José Villazón, el Salteño. Entre ellos, una guerra que los testigos describieron sin eufemismos: tiroteos, represalias, amenazas pintadas en las paredes del barrio.
Los pasacalles lo decían sin rodeos: "Araña y Nico Castillo no los va salvar ni la Policía. La mafia no perdona" o "Con las criaturas no se jode". Esa última frase, a la luz de lo que pasó después, resulta escalofriante.
El sábado 4 de marzo, Ibáñez salió de la cárcel con una salida transitoria. Fue directo a la casa de sus tíos en Juan B. Justo 3105, donde vivían los Castillo. Ahí, según el fiscal, comenzó a planificarse el ataque. Los mensajes de celular secuestrados muestran a Ibáñez y a Ezequiel Godoy discutiendo sobre pistolas calibre 40, un revólver 547 y hasta seis armas en total. La Policía encontró después una mochila con 500 balas en la casa de uno de los acusados, Nicolás Torres. Municiones no faltaban.
Los cuatro imputados son Nicolás Castillo (28 años), dueño del Honda Civic negro usado esa noche; su hermano Maximiliano Castillo (27); Nicolás Torres (28); y Ezequiel Godoy (37). Los Castillo son primos de Ibáñez, quien habría dado las órdenes desde la cárcel: ir a matar a los soldados del Salteño.
Mientras se preparaban, alguien les pasaba información desde el terreno. "El datero les dice que los soldaditos del Salteño estaban frente a un kiosco detrás de la cancha de Los Pumitas", explicó Tassini en su alegato. El problema: en el pasaje San José hay dos kioscos. El dato era de uno. Los ejecutores fueron al otro. Y en ese otro kiosco, un grupo de chicos que venían de un cumpleaños habían salido a comprar una gaseosa.
El Honda Civic negro recorrió las ocho cuadras que separan ambos puntos. Llegaron a Cabal y pasaje San José. Gatillaron. Máximo Jerez recibió un disparo en la espalda. Otros tres niños fueron heridos en el mismo ataque. El chico, integrante de la comunidad qom de Los Pumitas, murió.
El propio Torres, uno de los acusados, lo dijo después de su arresto con una claridad que hiela: "Fueron a matar a la gente de ellos, del Salteño, las criaturas no tienen nada que ver". Tenía razón. Pero eso no cambió nada.
La investigación también documentó que la enemistad entre las bandas tenía historia y evidencia balística concreta. El 17 de septiembre de 2022, Maximiliano Castillo fue herido en un ataque. A fines de ese año, hubo una balacera contra el padre de Nicolás y Máximo. Y el 23 de marzo de 2023, dieciocho días después del homicidio del nene, otro tiroteo alcanzó a Eduardo Ibáñez, tío de Alex. El arma usada en esos episodios, calibre 9 milímetros, fue encontrada en un aguantadero de los Salteños.
¿Cuántos chicos más tienen que morir para que el Estado entienda que estas guerras no son entre bandas, son contra los barrios enteros? Máximo no era un soldado de nadie. Era un pibe de doce años que quería una gaseosa. Eso es lo que destruye: la absoluta indiferencia de los que aprietan el gatillo ante una vida que no encaja en sus cálculos.
El juicio continúa. La familia de Máximo espera una condena. El barrio de Los Pumitas, que convive con este horror desde hace años, también.

Comentarios (15)
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Un nene de 12 años. Doce años. Salió a comprar una gaseosa de un cumpleaños y lo mataron. No puedo leer esta nota sin que se me haga un nudo en la garganta. Espero que los condenen a todos y que no salgan nunca más.
Y el que dio la orden sigue vivo, preso, con salidas transitorias. El sistema es una joda. Sale de la cárcel, planifica un ataque, vuelve adentro. ¿Esto es la justicia?
¿Salidas transitorias para un narco que está en guerra con otra banda? ¿Quién autorizó eso? Esa es la pregunta que nadie hace.
Exacto. Y si alguien lo pregunta, le dicen que 'es un derecho del condenado'. Mientras tanto, Máximo está muerto.
Hay que reconocer que la investigación fue sólida. Balística, chats, testigos, el datero, el aguantadero con las balas... el fiscal armó un caso muy completo. Ahora a ver si el tribunal tiene los huevos de condenarlos como corresponde.
Vivo en Empalme Graneros. Lo que describe la nota es la realidad de todos los días acá. Los pasacalles con amenazas, los tiroteos, los chicos que crecen en el medio de todo esto. No es una nota de diario para nosotros, es nuestra vida.
Che, ¿y el Estado dónde estaba mientras estas dos bandas se hacían la guerra durante meses? ¿Esperando que mataran a un nene para actuar?
No confundir apellidos: yo soy Ibáñez y no tengo nada que ver con ninguna banda. Pero entiendo que la nota aclara bien quiénes son los implicados. Lo importante es que se haga justicia por Máximo.
Torres dijo 'las criaturas no tienen nada que ver' y aun así fue. Eso dice todo de esta gente.
Yo no entiendo cómo alguien puede apretar el gatillo sin ver que son chicos. ¿Qué les pasa por la cabeza? Es que no tienen nada adentro.
El problema no es solo estos cuatro. Es el sistema que permite que existan estos territorios donde el Estado directamente no llega. Sin presencia del Estado, el narco pone las reglas. Y las reglas del narco son estas.
Ojalá que la familia de Máximo encuentre algo de paz con la condena. No les va a devolver al nene, pero al menos saber que están presos para siempre.
500 balas en la casa de uno de los acusados y nadie sabía nada? Los vecinos sabían. La policía del barrio sabía. Siempre saben y no hacen nada.
Ojo, no generalicemos. La investigación la hizo la fiscalía con trabajo serio. No todo es corrupción policial, aunque también existe.
Que les den perpetua a todos. Y al que dio la orden desde adentro, que le saquen todas las salidas transitorias para siempre. Basta.