"Estamos entregados." Esa frase, dicha con la voz cargada de bronca y agotamiento, resume lo que vive hoy Gustavo Monduzzi, dirigente de la Fundación de la Visitación. En siete días, el hogar para madres solteras que administra la institución fue blanco de delincuentes tres veces. No una. No dos. Tres.
El tercer robo fue la gota que rebalsó el vaso. Monduzzi no se guardó nada: "Estamos evaluando si seguir o no prestando este servicio para las mamás y sus niños. Estamos en zona liberada", disparó, con la contundencia de alguien que ya no tiene margen para la diplomacia.
Lo que está en juego no es menor. El hogar de la Fundación de la Visitación es uno de los pocos espacios en Rosario que ofrece contención real a madres solteras en situación de vulnerabilidad: un techo, acompañamiento, y la posibilidad de criar a sus hijos en un entorno mínimamente seguro. Que ese lugar esté siendo vaciado sistemáticamente por ladrones no es solo un problema de seguridad. Es un problema social de primera magnitud.
Tres robos en una semana no son casualidad ni mala suerte. Son el síntoma de algo más profundo: la ausencia del Estado en zonas donde la gente más lo necesita. Cuando una institución de bien público tiene que preguntarse si puede seguir funcionando porque nadie la protege, algo está gravemente mal en el orden de prioridades de quienes tienen la obligación de garantizar la seguridad.
¿Cuántos robos más hacen falta para que alguien en la Municipalidad o en la Provincia tome el teléfono y llame a Monduzzi? ¿Cuántas madres y chicos tienen que quedar sin ese refugio para que el tema aparezca en la agenda?
La expresión "zona liberada" que usó el dirigente no es retórica vacía. En el vocabulario policial y vecinal de Rosario, esa frase tiene un peso específico: implica que los delincuentes operan con una comodidad que solo es posible cuando la presencia policial brilla por su ausencia, ya sea por desidia, por desborde o por algo peor.
La Fundación de la Visitación lleva años trabajando en silencio, sin cámaras ni aplausos, haciendo lo que el sistema no hace: contener a mujeres que quedaron solas con sus hijos y no tienen adónde ir. Que hoy estén evaluando cerrar no es una decisión administrativa. Es una derrota colectiva.
Si el hogar cierra, esas madres y esos niños no van a desaparecer. Van a quedar en la calle, o en situaciones peores. Y la responsabilidad de eso no va a recaer sobre Monduzzi ni sobre los voluntarios de la Fundación, que hicieron todo lo que pudieron. Va a recaer sobre quienes tenían la obligación de cuidar ese espacio y miraron para otro lado.
La ciudad necesita respuestas urgentes. No comunicados. No promesas. Presencia real, patrullaje efectivo y una señal clara de que atacar un hogar de madres y niños tiene consecuencias. Antes de que sea demasiado tarde.

Comentarios (13)
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Esto me parte el alma. Esas mujeres ya tienen suficiente con criar solas a sus hijos, y encima tienen que vivir con miedo a que les roben todo. ¿Dónde está la policía? ¿Dónde está el municipio?
Zona liberada en Rosario es moneda corriente, lamentablemente. No es novedad. Lo que sí es una vergüenza es que le pase a un hogar de madres con pibes. Eso ya es el fondo del pozo.
Che, antes de rajar contra la policía habría que saber dónde queda exactamente el hogar, cuántos efectivos hay en esa zona, si hicieron la denuncia... No digo que esté bien, está pésimo, pero tampoco es tan simple.
¿Más simple? Tres robos en una semana al mismo lugar. Si eso no es zona liberada no sé qué es. Con todo respeto, Marcelo, acá no hay mucho que analizar.
No te digo que no sea zona liberada, te digo que hay que pedir explicaciones con datos concretos para que no puedan zafar con cualquier excusa. Si no, salen con el comunicado de siempre y chau.
Yo conozco la Fundación de la Visitación, hacen un trabajo increíble con muy pocos recursos. Que estén pensando en cerrar es una tragedia. Ojalá esto sirva para que alguien los ayude de verdad.
Si cierran, esas mujeres y esos pibes ¿adónde van? Nadie se hace esa pregunta. El Estado no tiene dónde absorberlos. Esto tiene consecuencias concretas que van mucho más allá del robo.
Monduzzi tiene razón en estar harto. Nadie debería tener que aguantar esto. Tres veces en una semana es una burla.
Ojalá esto llegue a los medios nacionales y alguien se mueva. Porque a nivel local ya sabemos cómo termina: dos días de escándalo y después silencio total.
Yo soy madre soltera y sé lo que es no tener red de contención. Lugares como este son un salvavidas. Que los dejen solos así da mucha bronca y mucha tristeza a la vez.
Pullaro prometió más seguridad, Javkin prometió más seguridad. Mientras tanto roban tres veces en una semana un hogar de madres con pibes. Las promesas no cuidan a nadie.
No hay que esperar que cierren para reaccionar. Hay que organizarse ahora: donaciones, rondas vecinales, presión a los concejales. Algo se puede hacer desde la comunidad mientras el Estado brilla por su ausencia.
re de acuerdo con claudia, no podemos esperar que el gobierno solucione todo. igual no debería ser así, debería haber seguridad básica para todos