Lo que Silvina vivió no tiene nombre fácil. Bueno, sí lo tiene: apropiación. Pero la palabra fría del derecho no alcanza para describir lo que es crecer con una mujer que te robó, llamarla mamá durante quince años, y enterarte de golpe que todo era mentira. Y que encima esa mujer hoy tiene 88 años y recién ahora la Justicia la mira de frente.
La historia explotó esta semana en los Tribunales de Rosario, donde la fiscalía imputó a Dolly, médica obstetra, por los delitos de supresión de identidad y falsificación de documentos. La investigación apunta a una maniobra sistemática: la entrega de bebés a cambio de dinero durante más de una década, entre 1968 y 1980, con alteración de certificados de nacimiento en sanatorios privados y en el Hospital Roque Sáenz Peña. Un negocio. Un mercado de vidas.
Silvina es una de las víctimas. Y decidió hablar.
"Siento que hay una luz en el camino de la Justicia. Volví a creer que se puede, porque para mí es una carga extra, por haber sido criada por esta mujer. Es una mochila muy grande y significa revolver mi historia todo el tiempo", dijo con una mezcla de alivio y agotamiento que solo entiende quien cargó ese peso durante décadas.
La revelación llegó de la manera más inesperada. Silvina tenía 15 años, había vuelto enojada del colegio porque sus padres no la dejaban ir a un cumpleaños. Se encerró en su cuarto sin almorzar. Dolly la siguió y, en ese momento de tensión doméstica, soltó la bomba: le confesó que no había estado en su vientre. Le pidió que guardara el secreto, incluso con sus hermanos menores, que sí eran hijos biológicos. "Esa es la falta de identidad. Sentí que no sabía quién era en ese momento", recordó Silvina.
Lo que vino después fue una adolescencia en soledad. Recorrió organismos de Derechos Humanos, viajó a Buenos Aires a visitar a las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, se hizo pruebas. Todas dieron negativo. "Decidí que es la familia que me tocó y que nadie me buscó", dijo, con una resignación que duele escuchar.
Pero la historia tenía otra vuelta de tuerca. La familia vivía frente al ex Batallón 121 de Rosario, y Silvina recuerda que Dolly asistía partos de detenidas a pedido de militares, algunos dentro del predio y otros en la propia casa de la médica. El contexto histórico es tan oscuro como el personal.
La relación con su madre adoptiva nunca fue buena. "Nunca me sentí acompañada en la búsqueda de mi identidad. Mi adolescencia fue solitaria. Ella siempre se dedicó a hacerme la vida en cuadritos, poniéndome trabas, acusándome de todo. Nos faltó amor de su parte", contó. El único afecto genuino lo recibió de su padre adoptivo, que murió en 2006. Después de eso, Dolly maniobró para no dividir la herencia, puso un testaferro, y un año más tarde la denunció penalmente. Un día, volviendo del teatro con su hijo de dos años, no las dejó entrar a la casa. Fin de la convivencia.
Silvina tenía 38 años cuando se enteró de la dimensión real de lo que le habían hecho: no era adoptada. Era apropiada. En su partida de nacimiento figuraba como hija biológica de la pareja, cuando no lo era. Un abogado lo descubrió tras la denuncia. "El juez la quiso detener, pero me opuse. Mi intención era que me dejara tranquila y me diera lo que me correspondía de mi papá", explicó.
La única explicación que Dolly le dio alguna vez fue escueta y calculada: le dijo al marido que había una nena sin familia, enferma, y él respondió que la trajeran. Eso fue todo. Ningún arrepentimiento. Ninguna explicación real. Como si una vida entera pudiera resumirse en esa anécdota.
En 2022, dos mujeres contactaron a Silvina. También habían sido apropiadas bajo partidas de nacimiento falsas firmadas por la misma obstetra. El patrón se repite. Las víctimas se organizan, reclaman Justicia y quieren difundir su historia para que más personas puedan conocer su verdadera identidad. Porque puede haber más. Muchas más.
¿Cuántos bebés pasaron por las manos de esta mujer entre 1968 y 1980? La fiscalía lo está investigando. Lo que ya está claro, en palabras de quienes la conocieron de cerca, es que para Dolly los bebés eran, exactamente, un número y un signo pesos. Esa frase lo dice todo.

Comentarios (15)
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Me quebré leyendo esto. Que una mujer, médica encima, haya hecho esto durante años y recién ahora la imputaron... 88 años tiene. Cuánto tiempo perdido para estas víctimas.
Che, y el hospital Roque Sáenz Peña donde laburaba esta mina, nadie controlaba nada? Algún director, algún médico más tenía que saber. Esto no se hace solo.
Totalmente de acuerdo. Esto huele a red, no a una sola persona. Una obstetra sola no falsifica certificados en un hospital público sin cómplices.
Soy trabajadora social y estos casos son más comunes de lo que la gente cree. Hay personas de 40, 50, 60 años que todavía no saben que fueron apropiadas. Si alguien tiene dudas sobre su identidad, que se acerque a las Abuelas o a organismos de DDHH.
Y la mina tiene 88 años, capaz ni llega a juicio oral. El sistema siempre llega tarde para estas cosas.
No importa si llega o no al juicio. Lo importante es que quede asentado legalmente lo que hizo, que las víctimas sean reconocidas y que se investigue si hay más casos. La Justicia no es solo la cárcel.
Fácil decirlo si no sos vos la que vivió 38 años sin saber quién sos. Para Silvina el reconocimiento legal no alcanza, necesitaba esto hace 30 años.
Lo del Batallón 121 me heló la sangre. Vivía enfrente y asistía partos de detenidas. Esto tiene otra dimensión, mucho más grave. La fiscalía tiene que ampliar la investigación.
Silvina es una valiente. Hablar de esto públicamente, sabiendo que vas a revolver todo tu pasado, no es fácil. Ojalá su testimonio ayude a que otros encuentren su identidad.
Yo soy adoptada y esto me removió todo. Siempre tuve dudas pero nunca me animé a investigar. Después de leer esta nota voy a llamar a las Abuelas.
Espero que la fiscalía no se quede solo con esta imputación y tire del hilo. Si entre 1968 y 1980 hizo esto, cuántos casos más hay? Puede haber familias enteras que no saben la verdad.
Me parece bien que se investigue, pero también hay que tener cuidado con los procesos. Una persona de 88 años tiene derechos procesales. Que se haga todo como corresponde, sin apresuramiento mediático.
Derechos procesales dice... los bebés que vendió también tenían derechos. Andá a contarle eso a Silvina.
La frase del título lo resume todo. Para ella los bebés eran un número y un signo pesos. No hay mucho más que agregar. Monstruosa.
Ojalá las dos mujeres que contactaron a Silvina en 2022 también puedan encontrar a sus familias biológicas. Que no quede ninguna historia sin resolver.